El polvo del asteroide de Chicxulub pudo cocinar a los dinosaurios en pocas horas

Un estudio propone que el polvo fino levantado por el impacto de Chicxulub atrapó tanto calor que muchos animales terrestres habrían muerto por radiación térmica pocas horas después.

Por Redacción Ciencias.UY 07 de agosto de 2026 a las 12:00 4 min de lectura
Imagen: Science News Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Ilustración de un gran asteroide impactando la Tierra y generando una explosión de fuego.

La imagen clásica de la extinción de los dinosaurios suele desarrollarse a fuego lento: un asteroide impacta, el cielo se oscurece durante meses o años y, con la fotosíntesis colapsada, los ecosistemas se van quedando sin alimento. Pero un nuevo estudio plantea que para muchos animales terrestres la muerte pudo haber llegado mucho antes. Según ese trabajo, el polvo fino expulsado por el impacto de Chicxulub habría atrapado y devuelto a la superficie suficiente calor como para matar a numerosos organismos expuestos en cuestión de horas.

La investigación, citada por Science News, se centra en lo que ocurrió inmediatamente después del choque del asteroide hace 66 millones de años. El impacto abrió el cráter de Chicxulub en la actual región del golfo de México y lanzó a la atmósfera grandes cantidades de roca vaporizada. Parte de ese material se condensó en gotas fundidas, pero otra parte quedó como polvo muy fino suspendido alrededor del planeta.

Lo que los autores quisieron entender es cómo se habría comportado esa mezcla en la atmósfera y cuánta energía térmica habría devuelto hacia abajo. A partir de depósitos conservados en Dakota del Norte y de simulaciones físicas sobre la dispersión global del material, el equipo reconstruyó un escenario mucho más violento de lo que sugería la hipótesis de una muerte lenta por hambre.

Según sus cálculos, el calor generado por los fragmentos fundidos y atrapado por la nube de polvo habría calentado con rapidez el aire cercano a la superficie. El cielo se habría vuelto rojo y cualquier animal que no encontrara refugio habría recibido una dosis de radiación térmica extrema. El estudio estima una exposición unas 17 veces mayor que la dosis letal para humanos. Cerca de una hora después, esa oleada de calor habría cedido, pero la oscuridad empezaría a dominar mientras se encendían incendios en distintas partes del mundo.

La propuesta cambia el foco de la discusión. En vez de pensar que los dinosaurios terrestres sucumbieron principalmente por la falta de alimento en los meses siguientes, sugiere que muchos ni siquiera habrían llegado a enfrentar esa etapa. Para los animales que vivían en tierra firme y no podían esconderse bajo suelo, agua o refugios profundos, la combinación de radiación térmica e incendios pudo haber sido el golpe decisivo.

Eso no significa que el colapso posterior de las cadenas alimentarias deje de importar. De hecho, el propio trabajo no resuelve por sí solo cómo desaparecieron tantos organismos acuáticos o qué proporción exacta de especies murió en cada fase de la catástrofe. El enfriamiento por bloqueo solar, la caída de la fotosíntesis y los cambios químicos del ambiente probablemente siguieron siendo piezas centrales de la extinción masiva.

La principal novedad es otra: la idea de que el impacto no solo desató una crisis ecológica prolongada, sino también una fase inicial de calor devastador a escala planetaria. Si esa reconstrucción es correcta, la extinción más famosa de la historia no empezó con un mundo silenciosamente oscurecido, sino con una breve ventana de calor extremo capaz de arrasar a gran parte de la vida expuesta en la superficie.

Como ocurre con cualquier reconstrucción de un evento tan antiguo, hay límites importantes. Los resultados dependen de modelos sobre la cantidad de polvo fino, su distribución atmosférica y la forma en que ese material interactuó con la radiación. También se apoyan en evidencias geológicas puntuales y en inferencias sobre procesos globales difíciles de comprobar de manera directa. Aún así, el trabajo ofrece una hipótesis concreta y físicamente detallada para explicar por qué el final de los dinosaurios terrestres pudo haber sido mucho más rápido y brutal de lo que solía imaginarse.

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DOI del paper

10.1029/2026JG009837

Cita original

Johnson, B. C., Johnson, A. V., Wakita, S., & Robertson, D. S. (2026). Heat and wildfires during the K-Pg mass extinction enhanced by fine dust. Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, 131(7). https://doi.org/10.1029/2026JG009837

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