Un modelo del MIT acelera la búsqueda de catalizadores para producir amoníaco con menos emisiones

Un estudio propone una forma de predecir qué materiales podrían volver más eficiente la producción electroquímica de amoníaco, una alternativa de bajas emisiones al proceso industrial tradicional.

Por Redacción Ciencias.UY 21 de agosto de 2026 a las 18:45 4 min de lectura
Imagen: MIT News | Massachusetts Institute of Technology Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Instalación industrial vinculada a la producción de amoníaco, relevante para una investigación sobre alternativas de menor emisión.

El amoníaco suele aparecer lejos del radar público, pero sostiene buena parte de la agricultura moderna. La mayor parte se usa para fabricar fertilizantes, y eso lo convierte en una pieza clave de la producción mundial de alimentos. El problema es que producirlo sigue requiriendo enormes cantidades de energía: el proceso industrial dominante, conocido como Haber-Bosch, depende sobre todo de combustibles fósiles y aporta una fracción nada menor de las emisiones globales.

Un estudio del MIT apunta a un cuello de botella central de esa historia. En lugar de proponer una planta nueva o un reactor ya listo para el mercado, los investigadores desarrollaron un método para identificar con más rapidez qué materiales podrían servir como catalizadores en una versión más limpia del proceso, basada en electricidad en vez de calor y presión alimentados por gas o carbón.

La idea de fabricar amoníaco por vía electroquímica no es nueva. En teoría, permitiría combinar nitrógeno del aire con protones y electrones para formar amoníaco con menos emisiones, especialmente si la electricidad proviniera de fuentes renovables. Pero llevar esa idea a una escala industrial sigue siendo difícil porque las reacciones son poco eficientes y compiten con procesos no deseados que reducen el rendimiento.

Ahí entran los catalizadores, materiales que aceleran y orientan las reacciones químicas. El nuevo trabajo se concentró en nitruros de metales de transición, una familia que ya se consideraba prometedora. Mediante simulaciones de teoría del funcional de la densidad y herramientas computacionales, el equipo analizó qué propiedades electrónicas y estructurales vuelven a estos compuestos más aptos para favorecer la reducción de nitrógeno y desalentar rutas competidoras.

En vez de probar materiales uno por uno en un laboratorio, el método busca reconocer patrones que permitan filtrar millones de combinaciones posibles y concentrar la atención en las más prometedoras. Según los autores, una de las claves está en cómo interactúan los orbitales del nitrógeno con las bandas electrónicas del metal, una relación que ayuda a anticipar si un material facilitará los pasos más difíciles de la reacción.

La importancia del avance no está en que el amoníaco verde ya sea competitivo, sino en que ofrece una brújula más precisa para acercarse a ese objetivo. Hoy el amoníaco convencional consume alrededor del 2% de la energía mundial y genera cerca del 1,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero, de modo que incluso mejoras parciales en este sector podrían tener un efecto amplio en la industria química y en la huella climática asociada a la producción de alimentos.

También hay una ventaja práctica para la investigación. En campos donde la cantidad de materiales posibles crece mucho más rápido que el tiempo disponible para ensayarlos, entender qué rasgos microscópicos importan puede ahorrar años de trabajo. En este caso, la propuesta no reemplaza los experimentos, pero sí puede ayudar a decidir qué aleaciones vale la pena fabricar y probar primero.

Por ahora, sin embargo, el avance sigue siendo principalmente teórico. Los materiales sugeridos por el modelo todavía deben sintetizarse y evaluarse en celdas reales para ver si mantienen ese desempeño fuera de la computadora. Además, producir amoníaco de manera sostenible no depende solo del catalizador: también importan el diseño del sistema, la estabilidad del material, el costo y la disponibilidad de electricidad de bajas emisiones.

Aún con esas reservas, el estudio ofrece una pieza útil para un problema difícil. Si la química logra encontrar catalizadores que hagan más eficiente esta ruta electroquímica, el amoníaco podría dejar de ser una necesidad climáticamente costosa y convertirse en un ejemplo de cómo la ciencia de materiales puede intervenir en procesos industriales que hoy parecen demasiado arraigados para cambiar.

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DOI del paper

10.1039/d6ey00138f

Cita original

Athanitis, C., Grajkowski, F., & Yildiz, B. (2026). Nitrogen 2p–metal d band hybridization governs nitrogen reduction reaction on transition metal nitrides. EES Catalysis. https://doi.org/10.1039/d6ey00138f

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