El mar de Labrador parece ser una pieza clave para oxigenar buena parte del Atlántico profundo

Mediciones directas muestran que la convección profunda del mar de Labrador transporta oxígeno hacia aguas profundas de las que dependen numerosos organismos marinos.

Por Redacción Ciencias.UY 17 de agosto de 2026 a las 19:45 5 min de lectura
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Esquema del Atlántico Norte subpolar que ilustra corrientes y zonas de mezcla profunda vinculadas al transporte de oxígeno desde el mar de Labrador hacia aguas profundas.

Buena parte de la vida que habita el Atlántico Norte profundo depende de un suministro de oxígeno que llega desde mucho más arriba. Un nuevo estudio sugiere que una de las piezas más importantes de ese proceso está en el mar de Labrador, una región fría entre Groenlandia y Canadá donde, durante el invierno, las aguas superficiales pueden mezclarse con capas mucho más profundas.

Ese mecanismo, conocido como convección profunda, funciona como una especie de ascensor oceánico. Cuando la superficie del mar pierde calor hacia la atmósfera, el agua se enfría, se vuelve más densa y tiende a hundirse. En el mar de Labrador, ese proceso puede mezclar enormes volúmenes de agua y empujar oxígeno desde la superficie hacia capas intermedias y profundas del océano. Aunque esta región aporta relativamente poco a la fuerza total de la circulación de retorno del Atlántico, el nuevo trabajo indica que su papel en la ventilación del océano profundo es desproporcionadamente grande.

Para medirlo, el equipo trabajó con una red de fondeos oceanográficos y sensores de oxígeno instalados entre 2020 y 2022 a lo largo de una línea de observación que cruza el mar de Labrador. Con esos datos, combinados con mediciones de velocidad de las corrientes, los autores calcularon cuánto oxígeno entra, se redistribuye y sale de la región. Según el estudio, el mar de Labrador incorpora localmente unas 4,1 teramoles de oxígeno por año desde la atmósfera y, además, la mezcla profunda reubica otras 23,5 teramoles anuales que habían sido acumuladas antes en aguas superficiales del Atlántico Norte subpolar. En conjunto, eso equivale a una exportación de unas 27,6 teramoles por año en la capa de agua formada allí.

La cifra es grande, pero lo importante no es solo su tamaño. Los investigadores estiman que ese aporte alcanza para compensar buena parte de la respiración biológica en amplias zonas del Atlántico profundo. En otras palabras, el oxígeno que entra en juego en el mar de Labrador no se queda allí: viaja con masas de agua densas hacia otras regiones y ayuda a sostener ecosistemas marinos que viven lejos de la superficie.

El hallazgo también matiza una idea extendida sobre la circulación atlántica. En los últimos años, mucha atención se ha concentrado en la intensidad de la AMOC, la gran circulación que transporta calor y agua entre los trópicos y el Atlántico Norte. El nuevo trabajo muestra que no basta con preguntar cuánta agua se mueve: también importa dónde y cómo esa agua gana oxígeno antes de hundirse. El mar de Labrador podría ser decisivo para la oxigenación profunda incluso si su contribución a la fuerza total de esa circulación es comparativamente pequeña.

Eso vuelve más relevante seguir de cerca lo que ocurra en esta zona en un contexto de calentamiento global. Si cambian la estratificación del océano, el aporte de agua dulce desde el Ártico o el ritmo de mezcla invernal, también podría cambiar la cantidad de oxígeno que llega a las profundidades. El estudio no pronostica por sí solo un colapso ni una pérdida inmediata de oxígeno, pero sí advierte que el riesgo futuro de desoxigenación en el Atlántico Norte no depende únicamente de la gran circulación oceánica, sino también de procesos regionales como la convección profunda en el mar de Labrador.

Como todo estudio de este tipo, tiene límites. Los cálculos se basan en una ventana de observación de 24 meses y en una región específica, por lo que no equivalen a una reconstrucción completa de todas las décadas pasadas ni garantizan que el mismo balance se mantenga sin cambios en el futuro. Aún así, aportan algo que faltaba: mediciones directas y sostenidas de un proceso que hasta ahora era muy difícil de cuantificar.

Más que resolver una curiosidad oceanográfica, el trabajo ayuda a entender cómo se mantiene respirable una parte del océano profundo. En tiempos en que la pérdida de oxígeno marino preocupa cada vez más, ubicar con precisión los lugares y mecanismos que renuevan ese suministro se vuelve clave para anticipar qué ecosistemas son más vulnerables y cómo podría cambiar su equilibrio.

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Cita original

Miller, U. K., Palter, J., Park, E., Atamanchuk, D., Fogaren, K., Fu, Y., Karstensen, J., Koelling, J., Le Bras, I., Nagao, H., Nicholson, D., Palevsky, H., & Yoder, M. (2026). Central role of Labrador Sea convection for transport of oxygen into the deep North Atlantic Ocean. Nature Geoscience. https://doi.org/10.1038/s41561-026-02057-3

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