Un gen bacteriano ayuda a explicar cómo los isópodos gigantes aguantan años sin comer

Un estudio en Cell sugiere que un gen incorporado hace millones de años desde bacterias ayuda a los isópodos gigantes del fondo marino a bajar su gasto de energía y soportar ayunos extremos.

Por Redacción Ciencias.UY 27 de junio de 2026 a las 10:45 4 min de lectura
Imagen: Science News Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Isópodo gigante de aguas profundas avanzando sobre el fondo marino.

En el fondo del océano viven crustáceos que parecen cochinillas gigantes blindadas y que pueden pasar años sin probar bocado. Un estudio publicado en Cell aporta ahora una pista fuerte sobre cómo lo logran: parte de esa resistencia extrema al hambre podría depender de un gen que sus antepasados incorporaron desde bacterias hace millones de años.

Los protagonistas son isópodos del género Bathynomus, animales de aguas profundas que pueden alcanzar tamaños sorprendentes para un pariente lejano de los bichos bolita de jardín. En un ambiente frío, oscuro y con alimento muy escaso, crecer mucho y seguir con vida plantea un problema difícil: un cuerpo grande suele exigir mucha energía, pero en el fondo marino las oportunidades para comer pueden estar separadas por largos intervalos.

Para investigar esa aparente contradicción, el equipo comparó especies gigantes de aguas profundas con parientes más pequeños que viven a menor profundidad o cerca de la costa. Encontró dos rasgos que ayudan a entender la estrategia de estos animales. Por un lado, los isópodos más grandes tienen un estómago descomunal, capaz de almacenar enormes cantidades de comida cuando aparece una carroña o una presa lenta. Por otro, mantienen una tasa metabólica basal muy baja, como si vivieran en un modo permanente de ahorro de energía.

La sorpresa mayor apareció en el ADN. Los investigadores identificaron un gen llamado ND1, muy parecido a genes bacterianos relacionados con el metabolismo energético. Su reconstrucción evolutiva sugiere que ese gen pasó desde un microbio asociado a los ancestros de estos isópodos y luego se multiplicó dentro del genoma del animal. Según el estudio, esa incorporación no quedó como una rareza silenciosa, sino que terminó integrada a la regulación del gasto energético.

Para poner a prueba esa idea, el equipo insertó el gen en otros organismos de laboratorio. Los resultados dependieron de la temperatura. En condiciones normales, el gen tendía a acelerar el uso de energía. Pero en condiciones frías, comparables en parte a las del hábitat profundo, ayudó a frenar la actividad metabólica y aumentó la resistencia al ayuno. En peces cebra, ese efecto extendió la supervivencia en un 37% bajo esas condiciones experimentales.

El hallazgo importa porque muestra una forma poco habitual de adaptación animal. La transferencia horizontal de genes, es decir, el paso de material genético entre especies no emparentadas directamente, es muy conocida en bacterias, pero mucho menos documentada como pieza central de una estrategia fisiológica en animales complejos. En este caso, el trabajo propone que un gen de origen microbiano terminó ayudando a resolver el equilibrio entre gigantismo y escasez crónica de alimento.

También ayuda a mirar el fondo marino con otra escala. Estos ecosistemas no solo albergan organismos extraños por su aspecto, sino soluciones biológicas extremas a problemas extremos. Entender cómo un animal grande puede entrar en una especie de ahorro energético duradero puede interesar a quienes estudian evolución, metabolismo y la vida en ambientes límite.

De todos modos, el trabajo no significa que ya esté resuelto todo el misterio. Los isópodos gigantes no pueden criarse con facilidad en laboratorio, de modo que varias pruebas funcionales tuvieron que hacerse en otros organismos. Además, el efecto del gen cambia con la temperatura, lo que obliga a ser prudentes al extrapolar los resultados a todas las circunstancias del océano profundo. Aún así, la combinación de anatomía, fisiología, microbioma, genómica y experimentos funcionales ofrece una explicación mucho más concreta de por qué estos gigantes pueden convertir una comida ocasional en una reserva que les dure años.

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Cita original

Yuan, J., Zhang, X., Li, S., Wang, K., Sun, Y., Luo, M., Su, Y., Kou, Q., Liu, C., Yu, Y., Li, R., Wang, L., Li, X., Chu, K., Xiang, J., & Li, F. (2026). Deep-sea megafauna co-opts microbial energy metabolism genes to withstand ultra-long starvation. Cell. https://doi.org/10.1016/j.cell.2026.05.012

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