Los espinosaurios podrían haber tenido glándulas de sal, otra pista de su vida cerca del mar

Un estudio sugiere que algunos espinosaurios tenían estructuras compatibles con glándulas de sal, una adaptación que refuerza la idea de una vida frecuente en ambientes costeros o salobres.

Por Redacción Ciencias.UY 22 de agosto de 2026 a las 07:45 4 min de lectura
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La discusión sobre cómo vivían los espinosaurios suma una pieza nueva. Un estudio reciente propone que estos dinosaurios podrían haber tenido glándulas de sal en la región del cráneo situada sobre los ojos, una adaptación conocida en varias aves y reptiles que hoy viven en contacto frecuente con agua salada. Si la interpretación es correcta, reforzaría la idea de que algunos espinosaurios estaban mejor preparados que otros dinosaurios para moverse en ambientes costeros o salobres.

Los espinosaurios llevan años ocupando un lugar singular en la paleontología. Sus hocicos largos, dientes cónicos y otros rasgos anatómicos ya habían alimentado la hipótesis de que pasaban buena parte del tiempo cerca del agua y que capturaban presas acuáticas. Pero una cosa es usar ríos, lagunas o estuarios para alimentarse, y otra distinta es contar con adaptaciones fisiológicas que ayuden a tolerar grandes cantidades de sal. Ahí es donde entra este nuevo trabajo.

Según los autores, ciertos surcos y cavidades en huesos del cráneo de espinosaurios son compatibles con la presencia de glándulas supraorbitales de sal, estructuras que en animales actuales ayudan a expulsar el exceso de sales ingeridas con el agua o con la comida. Esa clase de adaptación aparece en aves marinas, iguanas marinas y algunos reptiles costeros. En el caso de los espinosaurios, no demostraría por sí sola una vida plenamente marina, pero sí sugeriría una mayor capacidad para soportar condiciones de alta salinidad.

La importancia del hallazgo está en que agrega una evidencia fisiológica a un debate que muchas veces se apoyó sobre todo en huesos, densidad corporal o forma de la cola. En vez de preguntar solo si estos dinosaurios podían nadar o pescar, el estudio empuja otra cuestión: si también tenían herramientas biológicas para vivir con regularidad en zonas donde el agua y las presas podían aportar mucha sal. Eso ensancha la imagen de la diversidad ecológica de los dinosaurios y muestra que algunos linajes pudieron acercarse más al mundo costero de lo que se pensaba.

Al mismo tiempo, el trabajo no cierra la discusión. Tener glándulas de sal no convierte automáticamente a un animal en marino, y tampoco resuelve por sí solo cuánto nadaban los espinosaurios, qué tan lejos se internaban en el mar o cuánto dependían de ríos y humedales continentales. Incluso entre animales actuales, estas glándulas pueden asociarse con estilos de vida muy distintos. Por eso la nueva evidencia funciona mejor como una pieza importante dentro del rompecabezas que como un veredicto final.

Ese matiz también aparece en la interpretación evolutiva. Los autores sugieren que, aún si los espinosaurios desarrollaron una adaptación de este tipo, su transición hacia ambientes marinos pudo haber estado limitada por otras restricciones anatómicas o ecológicas. En otras palabras, habrían avanzado en esa dirección sin llegar a ocupar el mar abierto como lo hicieron otros grandes reptiles del pasado.

La conclusión más prudente es que los espinosaurios siguen volviéndose más extraños e interesantes cuanto más se los estudia. Este nuevo trabajo no los transforma de golpe en “dinosaurios marinos”, pero sí hace más plausible que algunos de ellos estuvieran especialmente adaptados para una vida frecuente en márgenes costeros, estuarios o ambientes salobres. Y eso basta para volver un poco más compleja, y más rica, la historia de cómo los dinosaurios exploraron distintos modos de vida.

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Cita original

Cau, A., Gostling, N. J., Lacerda, M. B. S., Falasca, M., & Paterna, A. (2026). Avian-like salt glands in Spinosauridae. Historical Biology, 1-13. https://doi.org/10.1080/08912963.2026.2669954

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