En una de las zonas más remotas del océano Índico, un equipo de investigadores encontró algo que hasta hace poco parecía improbable: una extensa concentración de restos de ballenas y de comunidades vivas alimentadas por esos cadáveres a profundidades de entre 4.616 y 7.001 metros. El trabajo describe una franja de unos 1.200 kilómetros en la Zona Diamantina donde se registraron 476 fósiles de cetáceos y cinco caídas de ballenas todavía activas, un hallazgo que combina paleontología, ecología marina y exploración del océano profundo.
Cuando el cuerpo de una ballena se hunde hasta el fondo, puede sostener durante años un pequeño oasis de vida en un ambiente donde la comida suele ser escasa. Los investigadores observaron que esos restos estaban ocupados por estrellas frágiles, gusanos que perforan huesos y moluscos asociados a microbios que obtienen energía de compuestos químicos. En las cinco caídas activas documentadas, algunas a más de 6.700 metros de profundidad, esos organismos formaban comunidades altamente especializadas, distintas de las que viven en los sedimentos vecinos.
El estudio se basó en 32 inmersiones del sumergible tripulado Fendouzhe realizadas en 2023. A partir de esas observaciones, el equipo mapeó la distribución de huesos y esqueletos y analizó decenas de fósiles recuperados. El registro incluye especies actuales y extinguidas de zifios, un grupo de ballenas buceadoras, y una datación isotópica indicó que en esa región hubo caídas de ballenas desde hace al menos 5,3 millones de años. Eso convierte al sitio en una rara especie de archivo natural, útil para seguir cambios en la fauna marina profunda a lo largo de escalas geológicas.
Parte del interés del hallazgo está en que ayuda a responder una pregunta difícil: dónde aparecen y cómo se conectan estos ecosistemas del fondo oceánico. Los autores proponen que la topografía accidentada de la zona pudo concentrar los cadáveres que iban cayendo, mientras que la bajísima tasa de sedimentación habría ayudado a conservar los huesos durante muchísimo tiempo. Si esa interpretación se confirma, algunos sectores del océano profundo podrían guardar un registro mucho más continuo de la historia de los cetáceos y de las especies que dependen de ellos de lo que se pensaba.
El trabajo también tiene límites. Aunque el sitio es excepcional, por ahora representa una región concreta del sureste del Índico y todavía falta saber hasta qué punto existen corredores similares en otras cuencas oceánicas. Además, muchas de las especies encontradas junto a los restos no pudieron identificarse con precisión y podrían ser nuevas para la ciencia, de modo que el panorama sigue incompleto. Aún así, el estudio amplía de forma clara lo que se sabía sobre la vida en las mayores profundidades del mar y muestra que incluso un cadáver puede convertirse en una fuente duradera de biodiversidad y de información sobre el pasado del planeta.
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Peng, X., Zhou, P., Song, X., Bianucci, G., Du, M., Collareta, A., Gao, Z., Xie, T., Teng, M., Leduc, D., Mills, S., Ta, K., Li, J., Wei, T., Dasgupta, S., Liu, H., He, Y., Xu, W., Liu, S., & Zhang, H. (2026). A 5.3-million-year-old deep-sea whale necropolis in the Diamantina Zone. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10546-z
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