El vino suele asociarse a la idea de un paisaje estable: una combinación casi irrepetible de clima, suelo y tradición. Pero un nuevo estudio sugiere que en California ese equilibrio podría moverse de forma marcada durante este siglo. La investigación concluye que el calentamiento global y el aumento del peligro de incendios no solo amenazan a regiones icónicas como Napa y Sonoma, sino que también podrían volver más favorables a otras zonas del norte y de la costa, como Mendocino y Monterey.
El trabajo combinó varios tipos de modelos para mirar el problema de manera más completa. Por un lado, estimó qué regiones seguirían siendo climáticamente aptas para cultivar uvas para vino. Por otro, sumó una variable que a menudo queda en segundo plano cuando se habla de cambio climático en agricultura: los días con condiciones meteorológicas extremas favorables para incendios. Además, los autores incorporaron proyecciones sobre calidad del vino para explorar no solo dónde podría seguir habiendo viñedos, sino también qué tan bien podrían rendir distintas variedades.
Los resultados apuntan a un desplazamiento desigual. En escenarios futuros de altas emisiones, varias de las regiones más reconocidas de California perderían aptitud climática para la viticultura. En cambio, algunas áreas más al norte o más cercanas a la costa mostrarían una combinación relativamente mejor entre clima apto y menor aumento del riesgo extremo de incendios. El estudio destaca especialmente a Mendocino y Monterey como zonas con condiciones comparativamente más favorables dentro de ese panorama cambiante.
La investigación también sugiere que no todas las uvas responderán igual. En Sonoma, por ejemplo, las proyecciones muestran comportamientos distintos entre Chardonnay y Pinot Noir según las condiciones de peligro de incendio. Esa diferencia importa porque indica que la adaptación no dependería solo de mover viñedos de un lugar a otro, sino también de decidir qué variedades conviene plantar en cada región a medida que cambian las condiciones.
Más allá de la industria del vino, el trabajo funciona como un ejemplo claro de cómo el cambio climático puede reorganizar actividades muy sensibles al ambiente. No se trata únicamente de temperaturas promedio más altas: también pesan los extremos, las perturbaciones y la interacción entre varios riesgos al mismo tiempo. Para zonas agrícolas de alto valor económico y cultural, eso obliga a pensar en adaptación con bastante más detalle que antes.
Como toda proyección, el estudio tiene límites. Se basa en modelos y escenarios futuros, no en una fotografía cerrada de lo que necesariamente ocurrirá. Tampoco convierte por sí solo a una región en “ganadora” o “perdedora”, porque en la práctica también influyen el agua disponible, el manejo agrícola, la economía y las decisiones locales. Aún así, deja una idea difícil de ignorar: en un clima que cambia y en una California cada vez más expuesta al fuego, el mapa del vino podría dejar de parecerse al que hoy se da por sentado.
Global warming and increasing wildfire risk threaten viability of elite wine-growing regions in California – but others may boom · Frontiers
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Hiraga, Y., & Matsumoto, T. (2026). Dual pressures of climate change and wildfire hazard on wine-growing potential in California. Frontiers in Climate, 8, 1838268. https://doi.org/10.3389/fclim.2026.1838268
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