La Antártida perdió hielo durante buena parte de las últimas décadas y eso contribuyó al aumento global del nivel del mar. Pero entre 2021 y 2023 ocurrió algo que llamó la atención de los climatólogos: una parte de esa pérdida se desaceleró porque en zonas de la Antártida oriental cayó más nieve de lo habitual. Un estudio publicado el miércoles 19 de agosto de 2026 en Nature propone una explicación concreta: el cambio estuvo conectado con un calentamiento persistente de aguas superficiales en la región tropical del Indo-Pacífico, no con una recuperación estable del continente helado.
La diferencia importa porque una pausa breve puede parecer, a primera vista, una señal tranquilizadora. El nuevo trabajo sugiere que no conviene leerla así. Según los autores, el repunte temporal de masa de hielo no refleja que el calentamiento global haya dejado de empujar a la Antártida hacia la pérdida neta, sino la influencia de un mecanismo atmosférico que puede repetirse cada cierto tiempo y modificar durante algunos años las precipitaciones sobre el continente.
El estudio se centró en lo ocurrido en Queen Mary Land y Wilkes Land, en la Antártida oriental. Allí, el aumento de nieve compensó parcialmente la pérdida de masa que seguía produciéndose en la Antártida occidental. A partir de observaciones y experimentos con modelos, el equipo concluyó que el calentamiento inusualmente persistente de la llamada piscina cálida tropical entre 2021 y 2023 desencadenó una cadena de ondas atmosféricas que se propagó hacia el sur. Ese patrón favoreció una zona de alta presión sobre la Antártida oriental y aumentó la llegada de humedad, sobre todo desde el océano Índico de latitudes medias, lo que terminó reforzando las nevadas.
En otras palabras, parte de lo que pasó en la Antártida esos años empezó muy lejos de allí, en aguas tropicales. Esa conexión a distancia ayuda a entender por qué un continente tan remoto puede responder a cambios del océano en regiones mucho más cálidas. También recuerda que el sistema climático funciona como una red: no siempre basta con mirar el lugar donde aparece el efecto más visible.
El hallazgo es relevante para las proyecciones del nivel del mar porque muestra que la evolución del hielo antártico puede tener altibajos de varios años sin que eso cambie la tendencia de fondo. Si una desaceleración temporal se interpreta como un giro duradero, se corre el riesgo de subestimar la inestabilidad del sistema. El estudio, de hecho, plantea lo contrario: este episodio probablemente fue transitorio y distinto del aumento de precipitaciones que cabría esperar como respuesta más sostenida a un planeta más cálido.
Eso no significa que el calentamiento global deje de importar. La pérdida de masa antártica acumulada en las últimas décadas sigue siendo una preocupación central, y la Antártida occidental continúa siendo una de las principales fuentes de aporte al nivel del mar. Lo que muestra este trabajo es que, encima de esa tendencia, pueden superponerse variaciones naturales o semiperiódicas capaces de amortiguar o intensificar el balance de hielo durante algunos años.
La principal cautela es que el estudio describe un mecanismo reciente y bien respaldado para 2021-2023, pero no promete que el mismo efecto vaya a compensar futuras pérdidas. Más bien ofrece una herramienta para interpretar mejor esas oscilaciones cuando aparezcan. En un sistema tan complejo como el clima polar, distinguir entre una pausa temporal y un cambio de rumbo real puede ser tan importante como medir cuánto hielo se gana o se pierde.
Multiyear tropical warm pool warming drives slowdown in Antarctic mass loss · Nature
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Wang, Y., Ding, Q., Li, X., Ballinger, T. J., Nakayama, Y., Topál, D., & Steig, E. J. (2026). Multiyear tropical warm pool warming drives slowdown in Antarctic mass loss. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10912-x
Relacionadas por categoría
Ver masConfirman la pérdida del último lago epishelf del Ártico canadiense
Un estudio reconstruyó cómo la ruptura de la plataforma de hielo de Milne hizo drenar el último lago epishelf de Canadá y transformó el fiordo en un sistema marino.
Cuando dos presiones juntas vencen a corales resistentes
En un experimento con corales de Florida, algunos genotipos resistieron nutrientes altos o enfermedad por separado, pero ninguno resistió bien ambos estresores combinados.
Una IA detecta cuándo un pez alcanza su límite térmico
Un sistema automatizado analizó videos de peces medaka para medir con menos subjetividad cuándo pierden el equilibrio bajo frío o calor extremos.
Más de la misma fuente
Ver masUn mapa de proteínas ayuda a buscar combinaciones más selectivas contra el cáncer
Un estudio en Nature propone mirar qué proteínas están juntas en la superficie de células tumorales para encontrar combinaciones terapéuticas más precisas.
Una proteína casi desconocida revela nuevas pistas sobre el reciclaje celular
Un estudio identificó TM184C, una proteína humana poco estudiada que ayuda a regular el reciclaje de componentes celulares y el intercambio entre células.
TRI-611 apunta a una vulnerabilidad en cáncer de pulmón con ALK
Un estudio en Nature describe un degradador molecular que elimina proteínas ALK anómalas y redujo tumores en modelos preclínicos de cáncer de pulmón.
Más del mismo autor
Ver masCómo las moscas ayudan a desentrañar la adaptación a sustancias tóxicas
Un experimento con moscas y edición genética muestra que la resistencia a una toxina vegetal depende de varios genes y puede estudiarse combinando métodos complementarios.
Una batería cuántica de laboratorio convirtió luz en corriente con un efecto colectivo
Un prototipo de microcavidad mostró que la potencia de carga y descarga puede crecer más rápido que el número de moléculas activas. Aún está lejos de una batería para dispositivos.
Veinticuatro especies nuevas revelan cuánto falta conocer del fondo del Pacífico
Un equipo describió 24 especies nuevas de pequeños crustáceos en una región abisal del Pacífico. El hallazgo ayuda a medir la biodiversidad antes de cualquier intervención en el fondo marino.