Un calentamiento de hace 304 millones de años muestra cómo pequeños cambios pueden disparar saltos climáticos

Un estudio sobre una crisis climática del Paleozoico tardío sugiere que un empujón térmico relativamente modesto puede activar liberaciones masivas de carbono y agravar el calentamiento.

Por Redacción Ciencias.UY 11 de agosto de 2026 a las 19:45 4 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Reconstrucción de un mar del Paleozoico tardío en un planeta que atravesaba un episodio abrupto de calentamiento.

La Tierra ya atravesó episodios de calentamiento abrupto mucho antes de la era industrial, y uno de ellos acaba de volver a escena por una razón incómoda: ayuda a pensar cómo un cambio relativamente pequeño puede empujar al sistema climático hacia una respuesta mucho mayor. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences reconstruyó un evento ocurrido hace unos 304 millones de años, durante la penúltima gran etapa glacial del planeta, y concluyó que ese episodio combinó un aumento rápido de temperatura, una gran liberación de carbono y un deterioro marcado de los océanos.

El trabajo se centra en el llamado máximo térmico Kasimoviano-Gzheliano, una perturbación breve dentro de la Edad de Hielo del Paleozoico tardío. En lugar de estudiar un mundo cálido como los que suelen usarse para comparar con otros episodios extremos del pasado, los autores analizaron un planeta que, en términos generales, seguía en una fase “fría” de su historia. Ese detalle importa porque la Tierra actual también conserva casquetes polares y regiones heladas, aunque se esté calentando con rapidez por la actividad humana. La comparación no implica que ambos escenarios sean equivalentes, pero sí vuelve a este caso más útil que otros ejemplos geológicos para preguntar cómo responden el carbono, los océanos y la temperatura cuando un sistema frío empieza a desestabilizarse.

Para reconstruir lo ocurrido, el equipo combinó varias líneas de evidencia. Una de las principales fue el estudio de isótopos de oxígeno en conodontos, pequeños restos fosilizados de animales marinos que funcionan como una especie de termómetro indirecto del agua en la que vivieron. A eso sumaron registros de isótopos de carbono y mercurio preservados en rocas, junto con simulaciones climáticas. Con ese conjunto de datos, los investigadores estiman que la temperatura media global de la superficie aumentó unos 7,5 °C, con un margen de error de alrededor de 1 °C, y que la concentración atmosférica de dióxido de carbono pasó de cerca de 300 a aproximadamente 700 partes por millón en unos 175.000 años.

La interpretación del equipo es que el episodio habría comenzado con una perturbación relativamente modesta, posiblemente asociada a más actividad volcánica, y que luego el sistema cruzó un umbral a partir del cual la liberación de carbono y el calentamiento se amplificaron. En ese sentido, el estudio usa la idea de “punto de inflexión” no como un eslogan, sino como una hipótesis física: una vez superado cierto límite, la respuesta del sistema deja de ser proporcional al empujón inicial. El trabajo también vincula ese calentamiento con señales de fuerte deterioro oceánico. Los registros sugieren que se expandieron condiciones pobres en oxígeno y ricas en sulfuro en zonas iluminadas del mar, un tipo de cambio ambiental que puede afectar de manera severa a la vida marina. El episodio coincide, además, con una crisis biológica en los océanos.

Lo más valioso del estudio no es que ofrezca una “profecía” sobre el clima del siglo XXI, sino que agrega un ejemplo concreto de cómo un planeta en estado glacial también puede sufrir saltos térmicos bruscos y daños ambientales amplificados. Eso refuerza una idea que hoy preocupa a climatólogos y ecólogos: el peligro no depende solo de cuánto sube la temperatura, sino también de cómo esa suba activa procesos de retroalimentación que liberan más carbono o empeoran otras condiciones del sistema terrestre.

Hay, de todos modos, límites importantes. El episodio estudiado ocurrió en un mundo muy distinto del actual, con continentes, ecosistemas, circulación oceánica y composición atmosférica diferentes. Además, la investigación reconstruye el pasado a partir de indicadores geoquímicos y modelos, no de mediciones directas, y los tiempos en juego se cuentan en decenas de miles de años, no en décadas. Por eso, el hallazgo no permite trasladar números ni plazos de manera literal al presente. Lo que sí ofrece es una advertencia más sobria: incluso en climas fríos de la historia profunda de la Tierra, un empujón inicial relativamente pequeño pudo ir seguido por una respuesta climática mucho más grande y por un océano menos habitable.

Imagen

Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen

DOI del paper

10.1073/pnas.2601643123

Cita original

Yao, L., Algeo, T. J., Wang, Q., Zheng, W., Wei, Q., Qi, Y.-P., Sungatullina, G. M., Luo, G., Jiang, G., Tang, G., Zhang, J., Wang, H., Zhao, Y., Huang, X., Li, Q.-L., Wang, X.-D., Xie, S., & Li, X.-H. (2026). A transient global warming event during Earth's penultimate icehouse. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(34), e2601643123. https://doi.org/10.1073/pnas.2601643123

Relacionadas por categoría

Ver mas

Más de la misma fuente

Ver mas

Más del mismo autor

Ver mas