Los cocodrilos que desaparecieron de Seychelles poco después de la colonización humana no eran una especie extraña y aislada que solo existía en esas islas. Un estudio genético concluye que en realidad pertenecían al cocodrilo de agua salada, Crocodylus porosus, y que representaban la población más occidental conocida de ese gran reptil. La conclusión no solo resuelve una duda que llevaba más de 250 años abierta, sino que también amplía la idea de hasta dónde podía dispersarse esta especie a través del océano Índico.
La pregunta tenía peso biológico e histórico. Relatos de expediciones antiguas describían cocodrilos comunes en las costas del archipiélago, pero esos animales fueron exterminados en unas pocas décadas después de que los asentamientos permanentes comenzaran en 1770. Desde entonces, los restos conservados en museos y las descripciones de época mantuvieron viva la incertidumbre: ¿se trataba de una especie propia de Seychelles o de una población remota de un linaje ya conocido?
Para responderlo, el equipo combinó dos tipos de evidencia. Por un lado, secuenció genomas mitocondriales de 11 especímenes de museo de varios cocodrilos del género Crocodylus, incluidos restos históricos atribuidos a la población extinguida de Seychelles. Por otro, comparó regiones mitocondriales de cocodrilos de agua salada actuales para ubicar esos restos dentro del árbol evolutivo y examinar cómo se distribuye la variación genética en la especie.
El resultado principal fue claro: los cocodrilos de Seychelles no forman una especie separada, sino que encajan dentro de Crocodylus porosus. Eso refuerza una hipótesis anterior basada en rasgos anatómicos, pero ahora con evidencia genética directa. El trabajo también apunta a que los ancestros de esa población debieron recorrer al menos 3.000 kilómetros a través del océano Índico para alcanzar el archipiélago, probablemente favorecidos por corrientes marinas a lo largo de muchas generaciones.
Ese escenario no es tan improbable como podría parecer. El cocodrilo de agua salada está especialmente adaptado a ambientes marinos: posee glándulas que ayudan a expulsar el exceso de sal y puede tolerar el agua oceánica durante períodos prolongados. Esa capacidad ya lo convertía en uno de los reptiles vivos con mayor alcance geográfico, pero la población extinguida de Seychelles muestra que su distribución histórica llegó todavía más lejos de lo que hoy se observa.
Además del caso concreto de Seychelles, el estudio ilustra el valor del ADN recuperado de colecciones de museo. Cuando una población desapareció hace siglos y ya no puede estudiarse en el campo, esos restos preservados permiten reconstruir parentescos, rutas de dispersión y pérdidas de biodiversidad que de otro modo quedarían en el terreno de la especulación. En este caso, la genética ayuda a reescribir la historia natural de un archipiélago y a entender mejor cómo los grandes reptiles colonizan islas remotas.
Los autores, de todos modos, señalan un límite importante. El análisis mitocondrial no mostró una estructura geográfica nítida entre las poblaciones modernas de Crocodylus porosus, pero eso podría deberse a que este tipo de ADN tiene una resolución limitada para detectar diferencias regionales finas. Estudios del genoma nuclear ya habían sugerido una diferenciación más marcada. Por eso, el trabajo aclara con fuerza la identidad de los cocodrilos de Seychelles, pero no agota todas las preguntas sobre cómo se conectaban entre sí las distintas poblaciones de esta especie a lo largo de su enorme rango.
ScienceDaily · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Agne, S., Arnold, P., Belle, B., Straube, N., Hofreiter, M., & Glaw, F. (2026). Mitogenomic Crocodylia phylogeny and population structure of Crocodylus porosus including the extinct Seychelles crocodile. Royal Society Open Science, 13, 251546. https://doi.org/10.1098/rsos.251546
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