Las palomas podrían sentir el campo magnético con células del hígado

Un estudio sugiere que macrófagos cargados de hierro en el hígado ayudan a las palomas a orientarse cuando no pueden usar el Sol como guía.

Por Redacción Ciencias.UY 18 de junio de 2026 a las 23:45 5 min de lectura
Imagen: ScienceDaily Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Paloma mensajera liberada durante una prueba de orientación vinculada a un estudio sobre magnetorrecepción

Durante décadas, una de las grandes preguntas sobre la navegación animal fue cómo las palomas mensajeras logran volver a casa incluso cuando no tienen referencias obvias en el paisaje. Un estudio publicado en Science propone una respuesta inesperada: parte de esa orientación podría depender de macrófagos del hígado cargados con hierro, unas células inmunitarias que actuarían como sensores del campo magnético terrestre.

La idea resulta llamativa porque durante años la búsqueda se concentró en otros lugares del cuerpo, como los ojos, el pico o el cerebro. El nuevo trabajo amplía esa búsqueda hacia un órgano que casi no figuraba en las hipótesis clásicas. Los investigadores analizaron varios tejidos de las palomas con técnicas físicas capaces de medir respuesta magnética y encontraron que el hígado mostraba la señal más intensa. Allí identificaron macrófagos que acumulan nanopartículas de óxido de hierro mientras reciclan glóbulos rojos envejecidos.

Ese hallazgo anatómico por sí solo no alcanzaba. Lo importante era saber si esas células realmente influían en la orientación. Para ponerlo a prueba, el equipo trabajó con palomas entrenadas para regresar a su palomar desde puntos situados a más de veinte kilómetros. Cuando los investigadores redujeron la presencia de esos macrófagos, las aves tuvieron más dificultades para orientarse en días nublados. En cambio, en jornadas soleadas siguieron encontrando el camino con mucho mejor desempeño, lo que sugiere que podían apoyarse en la posición del Sol cuando esa pista estaba disponible.

El resultado encaja con una idea que la biología venía discutiendo desde hace tiempo: las aves no dependen de una sola brújula, sino de varias señales que se complementan. Según esta interpretación, el magnetismo terrestre sería una ayuda especialmente valiosa cuando la información visual se vuelve menos confiable. El trabajo también encontró que estos macrófagos se ubican cerca de fibras nerviosas, una pista de cómo esa información podría transmitirse al sistema nervioso.

La relevancia del estudio va más allá de las palomas. Si se confirma, abriría una forma nueva de pensar la magnetorrecepción en animales y mostraría que un proceso tan conocido como el manejo del hierro por parte del sistema inmune puede participar en una función sensorial. También ayudaría a entender mejor cómo distintas especies combinan varias fuentes de información para orientarse a larga distancia.

Todavía quedan preguntas importantes. El trabajo no resuelve con precisión cómo se transforma esa sensibilidad magnética en una señal nerviosa ni cómo la integra el cerebro durante el vuelo. Tampoco demuestra que el mismo mecanismo exista en todas las aves o en otros animales navegadores. Aún así, ofrece una pista concreta y experimental sobre un problema que llevaba décadas resistiéndose a una explicación convincente.

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DOI del paper

10.1126/science.ady2486

Cita original

Lisowski, C., Quetting, M., Klaus, D., Lazarevski, L., Seep, L., Germer, M., Li, J., Müller, I., Zúñiga, D., Fiedler, W., Dechmann, D. K. N., Thorup, K., Hasenauer, J., Fester, L., Kürten, S., Farle, M., Wiedwald, U., Wikelski, M., & Kurts, C. (2026). Homing pigeon navigation relies on superparamagnetic macrophages under overcast conditions. Science, 392(6801), 985-991. https://doi.org/10.1126/science.ady2486

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