Los virus gigantes se ganaron ese nombre porque tienen genomas mucho más grandes y complejos que los de muchos virus conocidos. En los últimos años aparecieron en algas, amebas y otros organismos eucariotas, pero faltaba una pieza importante del mapa: no había pruebas claras de que también infectaran hongos. Un estudio publicado en PLOS Biology ahora llena parte de ese vacío al describir una nueva familia de virus gigantes asociada a hongos acuáticos tempranos.
El trabajo se centró en hongos zoospóricos, un grupo antiguo que vive en ambientes acuáticos y produce células móviles. Al analizar genomas y transcriptomas de distintas cepas en cultivo, el equipo encontró dos tipos de señales. Por un lado aparecieron “fósiles virales”, es decir, restos de material genético de virus antiguos integrados en el ADN de los hongos. Por otro, detectaron infecciones activas en las que el virus seguía presente y expresaba genes propios.
Los autores agruparon esos virus en una familia nueva, a la que llamaron Mycodnaviridae. Sus ensamblajes genómicos alcanzan hasta unos 350.000 pares de bases y más de 300 genes, dimensiones que los ubican dentro del universo de los virus gigantes. El hallazgo no solo amplía el catálogo de huéspedes conocidos para este tipo de virus: también muestra que el reino de los hongos, donde hasta ahora la evidencia era indirecta o ambigua, forma parte de esa historia evolutiva.
La investigación sugiere además que la relación entre estos virus y sus hospedadores no es siempre igual. En algunas cepas había indicios de actividad viral sostenida; en otras, la señal era más tenue, como si la infección quedara apagada o restringida a ciertos momentos del ciclo de vida del hongo. Esa variación importa porque abre la posibilidad de que el virus no actúe solo como un invasor pasajero, sino como un componente persistente de la biología del hospedador.
Esa posibilidad vuelve más interesante la pregunta ecológica. Los hongos zoospóricos participan en redes acuáticas y en procesos de descomposición y reciclaje de nutrientes. Si los virus gigantes alteran su metabolismo, su reproducción o su capacidad de adaptación, el efecto podría ir más allá de una sola especie. Por ahora el estudio no mide esos impactos de forma directa, pero sí ofrece un sistema natural y cultivable para empezar a investigarlos en laboratorio.
También hay un valor más general. Los virus gigantes llaman la atención porque desdibujan fronteras clásicas entre virus y células: cargan repertorios genéticos amplios y parecen haber influido en la evolución de varios linajes eucariotas. Encontrarlos en hongos refuerza la idea de que su historia es más extensa de lo que se pensaba y de que todavía quedan ramas enteras del árbol de la vida por explorar.
Como ocurre con muchos trabajos de descubrimiento, el estudio abre más preguntas de las que cierra. Los datos muestran que estos virus existen, que están distribuidos en distintas muestras y que pueden permanecer dentro de hongos zoospóricos, pero todavía falta entender con qué frecuencia se activan, qué daños o ventajas producen y hasta qué punto aparecen también en otros grupos de hongos. El resultado, aún así, cambia algo concreto: ya no parece razonable pensar que los virus gigantes pasaron por alto al reino Fungi.
Mycodnaviridae are a clade of giant viruses that persistently infect zoosporic fungi · PLOS Biology
journals.plos.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Myers, J. M., Schulz, F., Rahimlou, S., Yadav, V., Amses, K. R., Simmons, D. R., Sun, S., Orozco-Quime, M., Heitman, J., Stajich, J. E., & James, T. Y. (2026). Mycodnaviridae are a clade of giant viruses that persistently infect zoosporic fungi. PLOS Biology, 24(8), e3003937. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003937
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