Una proteína común en mamíferos fue afinando una defensa antimicrobiana oculta

Un estudio reconstruyó versiones antiguas de la lactoferrina y mostró cómo una región escondida de esa proteína fue ganando potencia para romper bacterias durante la evolución de los mamíferos.

Por Redacción Ciencias.UY 29 de agosto de 2026 a las 17:00 4 min de lectura
Imagen: doi.org Imagen acompañante del paper original; atribución preservada Fuente de imagen
Figura del estudio que compara versiones antiguas y modernas de lactoferrina y su región antimicrobiana.

La lactoferrina es una proteína abundante en la leche, las lágrimas y otros fluidos de los mamíferos. Se la conoce sobre todo por su capacidad de unirse al hierro, una función importante porque muchos microbios necesitan ese metal para crecer. Pero una nueva investigación muestra que la historia de esta proteína es más interesante: además de secuestrar hierro, fue afinando con el tiempo una pequeña región escondida que actúa como arma directa contra bacterias.

El trabajo, publicado en PLOS Biology, se centró en la lactoferricina, un fragmento corto que puede desprenderse de la lactoferrina y que tiene actividad antimicrobiana. Ese tipo de moléculas forma parte de la inmunidad innata, la primera línea de defensa con la que los organismos responden a posibles invasores. Lo que no estaba claro era cómo había surgido esa capacidad dentro de una proteína mucho más grande y con otra función principal.

Para reconstruir esa historia, el equipo comparó secuencias de lactoferrina de distintos mamíferos y luego usó métodos de reconstrucción ancestral para estimar cómo eran versiones antiguas de la proteína en los primeros mamíferos. Después sintetizó esas variantes y probó en el laboratorio cómo cambiaba su comportamiento frente a bacterias. Esa combinación de biología evolutiva, análisis molecular y ensayos experimentales permitió seguir paso a paso cómo una región inicialmente menos activa fue adquiriendo rasgos más eficaces para atacar microbios.

Según los resultados, la lactoferricina fue acumulando aminoácidos con carga positiva y propiedades hidrofóbicas, dos características que facilitan la interacción con la membrana de las bacterias. En términos simples, esa evolución volvió al péptido más apto para desestabilizar la envoltura bacteriana y perforarla. Los autores concluyen que las versiones antiguas de la proteína ya insinuaban esa capacidad, pero que en mamíferos posteriores la actividad se volvió bastante más potente.

El estudio también encontró señales de selección natural más reciente dentro de ese mismo fragmento. En grandes simios, por ejemplo, una sola posición de la secuencia mostró cambios rápidos que aumentan la potencia antimicrobiana frente a bacterias patógenas importantes. Eso sugiere que la carrera evolutiva entre huéspedes y microbios no solo ayudó a originar esta defensa, sino que siguió retocándola hasta épocas relativamente cercanas.

La importancia del hallazgo va más allá de la lactoferrina. Una de las preguntas centrales de la biología es cómo aparecen funciones nuevas a partir de moléculas que ya existían. Aquí la respuesta no pasa por inventar una proteína completamente distinta, sino por reutilizar una pieza escondida dentro de una proteína conocida y volverla cada vez más eficaz. Esa lógica ayuda a entender cómo la evolución puede generar novedades sin empezar desde cero.

También aporta pistas útiles para la búsqueda de compuestos antimicrobianos. Los péptidos de defensa natural interesan desde hace años porque atacan microbios de formas distintas a muchos antibióticos convencionales. Comprender qué cambios estructurales aumentaron su eficacia podría orientar el diseño de nuevas moléculas inspiradas en defensas que la evolución ya puso a prueba durante millones de años.

De todos modos, no se trata de un descubrimiento que se traduzca de inmediato en un tratamiento. El trabajo reconstruye proteínas ancestrales con modelos evolutivos y ensayos de laboratorio, una estrategia poderosa para entender mecanismos, pero que no equivale a probar una terapia en animales o personas. Además, mostrar que un péptido mata bacterias en condiciones experimentales no resuelve por sí solo problemas como su estabilidad, su seguridad o su desempeño dentro del cuerpo.

Leído con prudencia, el estudio deja una idea clara: algunas proteínas no cumplen una sola tarea, y parte de su historia puede permanecer escondida a simple vista. En la lactoferrina, una molécula cotidiana de la biología de los mamíferos, esa historia incluye una pequeña defensa que la evolución fue afinando para convertirla en un ataque cada vez más eficaz contra los microbios.

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Cita original

Sil, T., Kowalski, C. H., Scamfer, S., Copeland, N., & Barber, M. F. (2026). Retracing the origin and evolution of a cryptic antimicrobial peptide within mammalian lactoferrin. PLOS Biology, 24(8), e3003932. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003932

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