Las sabanas del noroeste de África empezaron a abrirse millones de años antes de lo pensado

Un estudio en PNAS reconstruyó con biomarcadores marinos la historia de la vegetación del noroeste africano y sugiere que los paisajes abiertos aparecieron unos cinco millones de años antes de lo que se creía.

Por Redacción Ciencias.UY 12 de agosto de 2026 a las 21:45 5 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Imagen científica asociada al estudio sobre la apertura de sabanas en el noroeste de África durante el Mioceno.

Las sabanas africanas suelen aparecer en la imaginación como un paisaje casi eterno, pero su historia es mucho más dinámica. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences propone ahora que en el noroeste de África los ecosistemas abiertos empezaron a expandirse hace entre 15 y 14 millones de años, unos cinco millones antes de lo que sugerían las reconstrucciones más aceptadas hasta ahora. La conclusión no solo cambia la cronología de ese paisaje: también ayuda a entender cómo clima, vegetación, fuego y herbívoros pudieron empujarse mutuamente hasta reorganizar regiones enteras.

La novedad central del trabajo es que no describe desde el comienzo una sabana como la actual, dominada por pastos adaptados al calor y a la sequía. Según los autores, primero apareció un ecosistema abierto sin equivalente moderno claro, donde abundaban gramíneas de tipo C3 junto con árboles y arbustos. Ese detalle importa porque sugiere una transición más escalonada y menos simple de lo que suele contarse cuando se resume la historia de las sabanas como un reemplazó rápido de bosques por pastos “modernos”.

Para reconstruir esa transformación, el equipo no dependió de sedimentos terrestres bien conservados, algo escaso en esa región para ese período. En cambio, analizó biomarcadores de ceras vegetales preservados en sedimentos marinos, moléculas que llegan al océano desde los continentes y conservan pistas sobre el tipo de plantas que dominaban en tierra. Esa estrategia permitió seguir cambios a lo largo de millones de años y detectar cuándo los paisajes cerrados de bosques y matorrales empezaron a dar lugar a ambientes más abiertos.

El trabajo ubica ese primer gran cambio en un momento de enfriamiento global y mayor aridez durante el Mioceno medio. Más tarde, ya en el Mioceno tardío, la sabana fue tomando una forma más parecida a la actual, con una expansión en etapas de los pastos C4, mejor adaptados a condiciones cálidas y secas. El tramo más rápido de esa transición habría ocurrido entre hace 7,4 y 6,4 millones de años, en coincidencia aproximada con expansiones de vegetación similar en otras regiones subtropicales del planeta.

Ese calendario vuelve más interesante la relación entre clima y ecosistemas. El estudio no presenta a la vegetación como una simple víctima pasiva de la temperatura o de la lluvia, sino como parte de un sistema con realimentaciones. Si cambian un poco la sequedad, la frecuencia de incendios o la presión de los herbívoros, la estructura del paisaje también puede cambiar, y ese nuevo paisaje a su vez alterar cómo circula el carbono, cómo se quema la biomasa o qué especies prosperan. La idea de fondo es que pequeños empujes climáticos pueden terminar produciendo reorganizaciones grandes cuando actúan junto con esas interacciones.

La historia importa además por una razón más amplia que la botánica. La expansión de ambientes abiertos en África suele discutirse como parte del contexto ecológico en el que evolucionaron distintos linajes de mamíferos, incluidos ancestros humanos. Este estudio no demuestra una conexión directa con un episodio concreto de la evolución humana ni convierte a la sabana en una explicación única de esos cambios. Pero sí ofrece una línea temporal más precisa para preguntar qué estaba ocurriendo con los paisajes africanos mientras cambiaban dietas, desplazamientos y comunidades animales.

Como toda reconstrucción profunda del pasado, el trabajo tiene límites importantes. La evidencia proviene de biomarcadores transportados a sedimentos marinos, de modo que ofrece una señal regional e indirecta, no una fotografía detallada de cada ambiente terrestre. Además, aunque la coincidencia temporal con períodos de enfriamiento y aridificación es fuerte, el estudio no puede aislar por sí solo cuánto pesó cada factor en la apertura del paisaje. Fuego, herbivoría, rasgos de las plantas y clima probablemente actuaron juntos, y esa mezcla es difícil de desarmar por completo millones de años después.

Aún con esas cautelas, la investigación deja una lección útil para pensar tanto el pasado como el futuro. Los ecosistemas abiertos no aparecen solo porque “se seca” una región: pueden surgir cuando varios procesos se refuerzan entre sí hasta empujar al paisaje hacia otra configuración. Entender cómo ocurrió eso en el Mioceno ayuda a leer mejor la historia ambiental de África y también recuerda que, bajo cambios climáticos persistentes, la respuesta de la vegetación puede ser menos gradual y más transformadora de lo que a veces se supone.

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DOI del paper

10.1073/pnas.2527340123

Cita original

Schartman, A. K., Polissar, P. J., & Strömberg, C. A. E. (2026). The origin and development of the Miocene northwest African savanna. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(33), e2527340123. https://doi.org/10.1073/pnas.2527340123

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