La meseta del metano no fue una pausa natural: un estudio la vincula al aumento de NOx

Un estudio en Nature propone que la pausa del metano atmosférico entre 1999 y 2006 se sostuvo por un aumento del poder oxidante de la atmósfera, impulsado por más emisiones de NOx.

Por Redacción Ciencias.UY 04 de setiembre de 2026 a las 05:45 4 min de lectura
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Durante años, la aparente pausa del metano atmosférico entre fines de los noventa y mediados de los 2000 fue una pieza difícil de encajar. La economía global crecía y con ella también varias fuentes humanas de este gas de efecto invernadero, pero las redes de monitoreo no registraban el aumento esperado en la atmósfera. Un estudio publicado en Nature propone ahora una explicación: el metano no dejó de emitirse, sino que durante esos años fue destruido más rápido por cambios en la química atmosférica.

El trabajo combina simulaciones atmosféricas con observaciones de metano y de su composición isotópica. A partir de ese cruce, los autores concluyen que entre 2000 y 2006 aumentó la concentración del radical hidroxilo, una molécula muy reactiva que funciona como uno de los principales “detergentes” de la atmósfera porque ayuda a descomponer gases como el metano. Ese aumento habría ocurrido sobre todo en los trópicos y habría sido suficiente para compensar, al menos temporalmente, el crecimiento de las emisiones humanas.

Según el estudio, la clave no estuvo solo en cuánto NOx se emitía, sino también en dónde. Los óxidos de nitrógeno, generados por actividades como el transporte, la industria y el transporte marítimo, favorecen la formación de ozono y alteran la capacidad oxidante del aire. Los autores sostienen que el ascenso de estas emisiones y su desplazamiento hacia regiones tropicales y oceánicas, impulsados por el crecimiento económico en países en desarrollo y por más actividad naviera, reforzaron la producción de radicales que consumen metano. En sus cálculos, esa pérdida adicional equivalió a más del 100% del aumento simultáneo de las emisiones antropogénicas de metano, lo que ayuda a entender por qué la concentración atmosférica quedó casi estancada en esos años.

La relevancia del hallazgo va más allá de resolver un rompecabezas histórico. El metano calienta mucho más que el dióxido de carbono en plazos cortos, de modo que entender por qué sube o se frena es clave para evaluar políticas climáticas. El estudio sugiere que no basta con mirar las emisiones directas del propio metano: otros contaminantes y su distribución geográfica también pueden cambiar cuánto tiempo permanece en la atmósfera. Eso vuelve más compleja la contabilidad climática, pero también ofrece una imagen más realista de cómo interactúan distintas formas de contaminación.

Aún así, no se trata de una receta simple para mitigar el calentamiento. Los óxidos de nitrógeno tienen efectos nocivos bien conocidos sobre la calidad del aire y la salud, además de contribuir a la formación de ozono troposférico. El punto del estudio no es que aumentar NOx sea deseable, sino que la evolución del metano depende de una red química y geográfica más enredada de lo que parecía. Como se basa en reconstrucciones con modelos y múltiples supuestos sobre emisiones y oxidación atmosférica, el trabajo también deja espacio para ajustar detalles a medida que mejoren los inventarios y las observaciones. Pero su aporte central es claro: aquella pausa del metano no fue simplemente una desaceleración de las fuentes, sino el resultado de una atmósfera que, por un tiempo, limpió más rápido de lo habitual.

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Cita original

Zhu, Y., Shen, L., Liu, G., Bates, K. H., Cai, Y., & Peng, S. (2026). Atmospheric CH4 plateau sustained by NOx emission rise and southward shift. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10983-w

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