Los terremotos no solo sacuden edificios y carreteras: también dejan una huella medible en la superficie terrestre. Tras la secuencia sísmica que golpeó el norte de Venezuela el 24 de junio de 2026, científicos de la misión NISAR reconstruyeron cuánto se desplazó el terreno y encontraron movimientos de hasta 60 centímetros en sectores cercanos a Caracas y La Guaira.
El análisis se basó en radar satelital, una herramienta especialmente valiosa cuando hace falta medir deformaciones del suelo sobre áreas extensas y con mucho detalle. En este caso, el equipo comparó observaciones tomadas antes y después de los sismos con NISAR, el satélite desarrollado por NASA y la agencia espacial india ISRO para seguir cambios en la superficie terrestre.
El método utilizado se conoce como interferometría de radar, o InSAR. Consiste en contrastar señales obtenidas en distintos pasos del satélite para calcular cambios mínimos en la distancia entre el sensor y el suelo. Así se puede reconstruir cómo se deformó una región entera después de un terremoto, incluso cuando parte del desplazamiento no es evidente a simple vista desde tierra.
Según la visualización difundida por NASA Earth Observatory, el movimiento fue particularmente intenso en la franja costera del norte venezolano. Los patrones detectados ayudan a ubicar mejor dónde se acumuló y liberó la tensión tectónica, y también ofrecen una explicación física más precisa para la distribución de daños en zonas urbanas y portuarias muy pobladas.
El interés científico del resultado también pasa por el instrumento. NISAR es una misión nueva, y este análisis muestra el tipo de seguimiento geológico que puede aportar poco después de un gran evento. Además de los terremotos, la misma tecnología sirve para observar deslizamientos, subsidencia, deformación volcánica y cambios graduales del terreno que suelen pasar desapercibidos en mediciones convencionales.
Conviene, de todos modos, no confundir un mapa de desplazamiento con un pronóstico sísmico. Estas observaciones permiten entender mejor lo que ocurrió y cómo respondió la superficie, pero no equivalen a predecir cuándo sucederá el próximo gran sismo. Aún así, sí aportan una pieza importante para estudiar fallas activas y mejorar la evaluación del riesgo en regiones expuestas a terremotos fuertes.
NASA Science · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
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