El agua que queda guardada en el suelo, los acuíferos, los lagos, los ríos, la nieve y los embalses cambia de masa a medida que se mueve. Ese cambio es diminuto, pero dos pares de satélites de la NASA lograron medirlo durante más de dos décadas. Un nuevo análisis de esos datos identificó 40 regiones del mundo donde las variaciones del agua almacenada se asociaron, además de con el clima, con actividades humanas como el riego, la construcción de embalses y la transformación del territorio.
El estudio utilizó las misiones GRACE y GRACE-FO, formadas por dos satélites que vuelan uno detrás de otro. Cuando pasan sobre una zona con algo más de masa —por ejemplo, porque allí hay más agua—, la gravedad modifica apenas la distancia entre ambos. Al reunir muchas de esas mediciones, los investigadores pueden estimar cómo aumenta o disminuye el almacenamiento total de agua en áreas extensas. No es una medición directa de agua potable disponible: es una imagen integrada de distintas reservas de agua sobre y bajo la superficie.
El equipo examinó registros desde abril de 2002 hasta noviembre de 2025. Al combinar todas las pasadas de los satélites consiguió mapas de tendencias de largo plazo con una resolución espacial entre cinco y diez veces mayor que la de análisis previos. Esa ganancia tiene un costo: el método describe con menos detalle las variaciones de corto plazo. Sin embargo, permitió distinguir señales que antes quedaban diluidas en áreas demasiado grandes.
Para interpretar esas tendencias, los autores compararon los cambios de almacenamiento con factores climáticos y con indicadores de actividad humana. En 40 regiones, variables como la agricultura de riego, el llenado de reservorios o el cambio de uso del suelo mostraron asociaciones significativas con las tendencias observadas. En cuatro regiones continentales, una variable vinculada a la actividad humana tuvo una relación más fuerte con el cambio del almacenamiento que cualquiera de las variables climáticas evaluadas.
Uno de los patrones más claros apareció en zonas agrícolas que dependen del bombeo de agua subterránea. El análisis destacó descensos en el Valle Central de California, las Grandes Llanuras del sur de Estados Unidos, Chihuahua y el norte de India. También detectó aumentos asociados a grandes obras hidráulicas, como el embalse de Boguchany, en Rusia, y cambios que permiten seguir con mayor detalle reservorios más pequeños y canales de riego en regiones remotas.
El resultado no permite atribuir automáticamente cada descenso o aumento local a una única intervención humana. Las asociaciones estadísticas señalan dónde vale la pena investigar con mayor precisión cómo interactúan el clima, la gestión del agua y los cambios del paisaje. Además, los datos satelitales no sustituyen las mediciones de pozos, ríos o embalses sobre el terreno. Su aporte es ofrecer una mirada comparable a escala continental y señalar lugares donde esas observaciones locales pueden ser especialmente necesarias.
La mejora en el detalle espacial abre la posibilidad de vigilar con más precisión cómo responden las reservas de agua a sequías, obras de infraestructura o modificaciones agrícolas. Para una cuestión que suele evaluarse con registros dispersos y de acceso desigual, la gravedad medida desde el espacio se vuelve una herramienta inesperada: permite seguir, a distancia, una parte de la huella que dejan las decisiones humanas en el ciclo del agua.
NASA Earth Observatory · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
O’Neill, M. M., Rodell, M., & Loomis, B. D. (2026). Spatially refined satellite gravimetry captures human signatures in global terrestrial water storage trends. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 123(38), e2600775123. https://doi.org/10.1073/pnas.2600775123
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