En las últimas cuatro décadas, las campañas por una química más limpia han producido manuales de buenas prácticas, regulaciones más estrictas y compromisos voluntarios de la industria farmacéutica. Sin embargo, la mayor revisión realizada hasta ahora sobre el uso de disolventes en reacciones químicas concluye que esos esfuerzos no se han traducido en una caída del uso de líquidos tóxicos en el laboratorio. Al contrario: la proporción de reacciones patentadas que recurren a disolventes clasificados como peligrosos creció desde cerca del 60 % en 1976 hasta más del 70 % en 2016.
El trabajo, publicado en septiembre de 2026 en Angewandte Chemie International Edition, fue liderado por Maarten R. Dobbelaere, de la Universidad de Gante (Bélgica), y Helen F. Sneddon, directora del Green Chemistry Centre of Excellence de la Universidad de York (Reino Unido). El equipo analizó 1,3 millones de reacciones extraídas de patentes de la oficina estadounidense (USPTO) entre 1976 y 2016, distinguiendo por primera vez entre disolventes usados en la reacción, en el aislamiento del producto y en la purificación. Para procesar ese volumen de datos desarrollaron Rxn-INSIGHT, un sistema de inteligencia artificial capaz de digerir bases de datos químicas y responder preguntas sobre qué reactivos y condiciones usan los químicos en la práctica.
El hallazgo más llamativo no es solo que los disolventes peligrosos sigan siendo la norma, sino lo que sucede cuando una regulación consigue sacar del mercado uno de esos líquidos. En lugar de migrar hacia alternativas más verdes, los químicos tienden a sustituir el disolvente restringido por otro también clasificado como peligroso. Es el patrón que los autores denominan «sustitución lateral»: se cambia un problema tóxico por otro, en muchos casos sin reducir la huella ambiental ni el riesgo para quienes manipulan esas sustancias.
El análisis además documenta un aumento marcado del uso de ácido trifluoroacético (TFA), un compuesto clave en la síntesis de fármacos peptídicos —una familia de medicamentos en pleno crecimiento, que incluye versiones sintéticas de hormonas y otros tratamientos de alta precisión—. El TFA pertenece, por su estructura química, a la familia de los PFAS, las llamadas «sustancias eternas», contaminantes persistentes que se acumulan en agua, suelos y organismos vivos y que han sido detectados incluso en regiones remotas del planeta. Su presencia creciente en los laboratorios no significa que esos compuestos lleguen al paciente, pero sí añade presión sobre los flujos de residuos y sobre el ambiente donde se sintetizan los principios activos.
Para Bruce Lipshutz, químico orgánico de la Universidad de California en Santa Bárbara, los resultados son una señal de alerta sobre la dependencia histórica de disolventes derivados del petróleo. David Leahy, presidente del consejo asesor del Green Chemistry Institute de la Sociedad Química Americana, reconoció que el panorama resulta «un poco desinflado» y apuntó que la presión por producir rápidamente muchas moléculas distintas en las etapas tempranas del descubrimiento de fármacos deja poco margen para repensar el disolvente elegido por costumbre.
El propio estudio reconoce sus límites: la base de datos termina en 2016 y no captura prácticas más recientes; tampoco mide cantidades, de modo que una miniaturización de los montajes podría estar reduciendo el impacto agregado sin que el análisis lo registre. Además, la mayoría de las patentes corresponden a investigación exploratoria, mientras que los procesos industriales a escala suelen reemplazar los disolventes peligrosos en sus últimas etapas. Aún con esos matices, el mensaje central es incómodo: cambiar un problema tóxico por otro no es avanzar, y la química verde todavía tiene pendiente el paso de la declaración a la rutina del laboratorio.
Chemists struggle to ditch hazardous solvents — even after decades of 'green' efforts · Nature
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Dobbelaere, M. R., & Sneddon, H. F. (2026). The stubborn persistence of toxic solvents in chemical synthesis. Angewandte Chemie International Edition, e1677569. https://doi.org/10.1002/anie.1677569
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