Una parte de lo que hoy parece selva tropical primaria en Belice no sería sólo el resultado de siglos de regeneración natural. Un estudio publicado en Scientific Reports encontró que la altura del dosel, la densidad del follaje y otras características actuales del bosque todavía guardan relación con la forma en que la civilización maya ocupó, cultivó y transformó ese territorio hace cientos de años.
La idea desafía una imagen muy arraigada: la de los grandes bosques tropicales como espacios intactos, separados de la historia humana. En este caso, el trabajo sugiere que la antigua ingeniería del paisaje sigue visible, aunque no a simple vista. Los rastros no aparecen sólo en ruinas o estructuras arqueológicas, sino también en la propia organización del bosque que creció después.
Para estudiar esa huella, el equipo analizó datos LiDAR de una zona del norte de Belice. Esta tecnología emite pulsos láser desde el aire y permite reconstruir con mucho detalle tanto la superficie del terreno como la vegetación. En arqueología se usa a menudo para detectar caminos, terrazas, muros o asentamientos ocultos bajo la copa de los árboles. En este trabajo, además, los investigadores aprovecharon la información sobre la vegetación para comparar la estructura del bosque moderno con antiguos rasgos del paisaje maya.
El análisis mostró que no todas las áreas responden igual. Los bosques más altos y estructuralmente variados aparecieron asociados a antiguos campos agrícolas en humedales, mientras que los bosques con copas más densas tendieron a concentrarse cerca de viejos asentamientos. También surgieron vínculos con muros y otras modificaciones del terreno hechas por las poblaciones mayas. En lugar de dejar una señal uniforme, distintos usos del suelo habrían impulsado trayectorias ecológicas diferentes que todavía se notan en el bosque actual.
Eso importa porque ayuda a entender que los ecosistemas no sólo reaccionan al clima o a las perturbaciones recientes. También pueden conservar durante mucho tiempo los efectos de decisiones humanas tomadas hace siglos o milenios. En regiones tropicales, donde hoy se discuten estrategias de conservación, restauración y manejo del territorio, reconocer esa historia puede cambiar la forma de interpretar qué es un bosque “prístino” y cómo llegó a ser lo que vemos hoy.
El hallazgo también conecta arqueología y ecología de una manera especialmente útil para el público general. No se trata sólo de saber dónde hubo una ciudad o un campo de cultivo, sino de ver cómo una sociedad antigua alteró el ambiente de forma duradera y cómo esas transformaciones siguieron moldeando la vida vegetal mucho después del abandono de la infraestructura original. En otras palabras, el bosque actual también puede leerse como un archivo de la historia humana.
Los autores advierten, de todos modos, que el estudio identifica correlaciones y no prueba por sí sólo una relación causal directa para cada patrón observado. Además, el trabajo se concentra en una región concreta de Belice, por lo que no puede extrapolarse automáticamente a toda el área maya ni a todos los bosques tropicales de Mesoamérica. Aún así, ofrece evidencia sólida de que la historia de uso del suelo puede dejar marcas ecológicas muy persistentes.
Esa conclusión tiene un valor que va más allá de la arqueología regional. Recordar que los bosques tropicales actuales pueden ser también paisajes heredados ayuda a discutir con más matices la relación entre sociedades humanas y naturaleza. En vez de oponerlas como si fueran mundos separados, este estudio muestra que, a veces, la memoria de una civilización sigue creciendo entre los árboles.
Old-growth tropical forests bear lasting legacy of ancient Maya civilization · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Eshleman, S., Beach, T., Luzzadder-Beach, S., & Robinson, M. (2026). The enduring legacy of the ancient Maya on tropical forests. Scientific Reports. https://doi.org/10.1038/s41598-026-66716-6
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