No todo el suelo vibra igual durante un terremoto. Un nuevo estudio sobre la cuenca de Los Ángeles muestra que, debajo de buena parte del área urbana, hay capas de sedimentos blandos mucho más profundas de lo que se conocía con detalle, y esa estructura podría hacer que ciertas zonas sufran sacudidas más intensas y duraderas cuando ocurra un gran sismo.
La idea no es nueva en sí misma: desde hace décadas los sismólogos saben que los sedimentos pueden amplificar el movimiento del suelo, un poco como si algunas regiones funcionaran como una gelatina apoyada sobre roca más rígida. Lo que faltaba era un mapa tridimensional más fino de cómo cambia esa cuenca por debajo de la ciudad y sus alrededores. Ese dibujo subterráneo importa porque Los Ángeles se encuentra cerca de grandes fallas activas, incluida la falla de San Andrés, y su riesgo sísmico depende no sólo del terremoto que llegue, sino también del terreno que reciba la energía.
Para reconstruir esa geometría, investigadores de Caltech desplegaron en 2022 una red temporal de 273 estaciones sísmicas en la cuenca de Los Ángeles. Con esos registros, combinados con datos de gravedad, rastrearon distintas interfaces bajo tierra y estimaron la forma de la cuenca, el espesor de los sedimentos y la disposición de capas más profundas de la corteza.
El resultado principal es que la cuenca no es una depresión simple y uniforme. El trabajo describe una estructura alargada y relativamente angosta, con sedimentos que bajo el centro de Los Ángeles se acercan a los 10 kilómetros de profundidad, mientras que en otras áreas del sur de California las capas blandas son bastante menos gruesas. Esa diferencia ayuda a explicar por qué dos lugares expuestos al mismo terremoto pueden experimentar un nivel de sacudida distinto.
En términos prácticos, una cuenca sedimentaria profunda puede atrapar y reforzar ciertas ondas sísmicas, y también prolongar el tiempo durante el cual el suelo sigue moviéndose. Para edificios, puentes, redes de transporte y otras infraestructuras críticas, esa combinación puede ser tan importante como la magnitud del terremoto. Por eso, mapas de este tipo no sirven sólo para entender la geología regional: también son una pieza útil para mejorar simulaciones de daño y planes de preparación.
El estudio agrega además un dato sobre la estructura aún más profunda bajo la cuenca. Los autores concluyen que el límite entre la corteza y el manto superior, conocido como discontinuidad de Mohorovicic o Moho, aparece elevado bajo esa región en comparación con la corteza circundante. Ese detalle ayuda a reconstruir cómo evolucionó tectónicamente la zona y a entender mejor por qué la cuenca tiene su forma actual.
Eso no significa que el trabajo permita predecir exactamente qué barrio será el más afectado en un futuro terremoto ni cuándo ocurrirá ese evento. El mapa mejora mucho la representación del subsuelo, pero el daño real también depende de la ruptura específica, la dirección en que se propagan las ondas, la distancia a la falla, el tipo de construcciones y muchos otros factores. Aún así, ofrece una base más sólida para calcular un riesgo que en el sur de California no es hipotético, sino inevitable a largo plazo.
Mirar debajo de una gran ciudad suele ser difícil y costoso, pero esa información puede volverse decisiva cuando se trata de terremotos. En este caso, el nuevo mapa recuerda que parte de la amenaza sísmica de Los Ángeles no está sólo en sus fallas, sino también en el espesor y la forma de los sedimentos sobre los que está construida.
Los Angeles Basin map shows deep sediments that could amplify earthquake shaking · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Villa, V., & Clayton, R. W. (2026). Three-Dimensional Structure of the Los Angeles Basin and Its Underlying Moho. Journal of Geophysical Research: Solid Earth, 131(8), e2026JB033837. https://doi.org/10.1029/2026JB033837
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