Durante años, una de las preguntas más difíciles en medicina reproductiva fue qué hacer con los niños que deben recibir tratamientos capaces de dañar de forma permanente sus testículos antes de llegar a la pubertad. Como todavía no producen semen, no pueden recurrir al banco de esperma. Un nuevo trabajo describe ahora una señal que muchos especialistas esperaban desde hace tiempo: en un primer caso humano, un injerto de tejido testicular extraído en la infancia y congelado durante 16 años llegó a producir espermatozoides.
El caso corresponde a un paciente con anemia falciforme. Cuando era niño, antes de recibir busulfán y ciclofosfamida como parte del tratamiento previo a un trasplante de células madre hematopoyéticas, médicos de Bruselas le extrajeron un testículo, lo dividieron en pequeños fragmentos y los criopreservaron. Años después, entre 2022 y 2024, el paciente presentaba azoospermia, es decir, ausencia de espermatozoides detectables en el semen. Entonces el equipo decidió probar una estrategia experimental: descongeló once fragmentos del tejido guardado y los injertó en distintas zonas del escroto y del testículo.
El resultado central no fue una recuperación visible e inmediata de la fertilidad, sino algo más acotado y al mismo tiempo muy relevante: un año después del procedimiento, al retirar e investigar los injertos, los autores encontraron signos de espermatogénesis activa en dos de los cuatro injertos colocados dentro del testículo. Además, al procesar uno de ellos, recuperaron un espermatozoide. En cambio, los injertos colocados bajo la piel del escroto no mostraron células germinales.
Ese detalle importa porque sugiere que no alcanza con que el tejido sobreviva al congelamiento y al trasplante. También necesita un entorno biológico adecuado para volver a funcionar. En este caso, el interior del testículo pareció ofrecer mejores condiciones que los sitios subcutáneos. Los investigadores observaron además que el tejido conservó su arquitectura y logró revascularizarse, dos pasos necesarios para que una maniobra así tenga alguna posibilidad de éxito.
La noticia es prometedora porque ofrece una prueba de concepto en humanos para una idea que hasta ahora se apoyaba sobre todo en estudios con animales y en unos pocos modelos preclínicos con primates no humanos. Si futuros trabajos confirman el hallazgo, niños que hoy deben someterse a terapias gonadotóxicas podrían tener una vía adicional para intentar preservar su capacidad reproductiva en la adultez.
Pero conviene leer el avance con prudencia. El estudio todavía es un preprint, es decir, no había pasado por revisión por pares al momento de difundirse. Además, se trata de un solo paciente. Durante el seguimiento no hubo mejoras claras en parámetros hormonales ni en el semen, y el hallazgo más fuerte surgió del análisis directo de los injertos retirados, no de un restablecimiento ya consolidado de la fertilidad. Tampoco significa que el procedimiento esté listo para uso clínico rutinario ni que garantice embarazos futuros.
Aún con esas limitaciones, el trabajo ofrece una referencia que faltaba en un campo donde muchas decisiones deben tomarse cuando los pacientes son demasiado jóvenes para elegir entre opciones convencionales. Mostrar que tejido testicular inmaduro humano puede resistir años de criopreservación, volver a irrigarse y reactivar la formación de espermatozoides no resuelve todavía el problema, pero acerca un poco más una posibilidad que hasta hace poco seguía siendo, sobre todo, una apuesta experimental.
Man's ability to make sperm restored after testicular tissue transplant: what scientists think · Nature
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Goossens, E., Vloeberghs, V., De Beer, E., Delgouffe, E., Mateizel, I., Ernst, C., Waelput, W., Gies, I., & Tournaye, H. (2026). First successful transplant of human immature testicular tissue after gonadotoxic therapy during childhood: complete spermatogenesis in intra-testicular grafts. medRxiv. https://doi.org/10.64898/2026.03.04.26347483
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