El aumento del dióxido de carbono en la atmósfera durante 2023 y 2024 fue tan rápido que llamó la atención incluso en un contexto de calentamiento ya sostenido. Un estudio liderado por investigadores del Instituto Nacional de Estudios Ambientales de Japón concluye que ese salto no se debió principalmente a un repunte abrupto de las emisiones de combustibles fósiles, sino a que los ecosistemas terrestres absorbieron menos carbono de lo habitual.
La idea no es menor. Bosques, suelos y otros ambientes terrestres suelen retirar parte del CO2 que las actividades humanas liberan a la atmósfera. Ese papel de sumidero no elimina el problema climático, pero sí amortigua una parte del aumento. Cuando esa capacidad se debilita, más carbono queda en el aire aunque las emisiones humanas no cambien de manera extraordinaria.
Para estudiar qué pasó, el equipo usó observaciones del satélite japonés GOSAT, también conocido como IBUKI, y un sistema de inversión atmosférica que reconstruye los flujos de CO2 entre la superficie y la atmósfera. En lugar de medir solo cuánto CO2 había en el aire, el método permite estimar de dónde salió y dónde dejó de ser absorbido. El análisis combinó esas observaciones con simulaciones atmosféricas y comparó los resultados con series previas entre 2009 y 2025.
Los autores encontraron que el episodio de 2023-2024 tuvo una señal esperable en los trópicos, asociada a El Niño, pero también otra menos prevista en latitudes medias y altas del hemisferio norte. En esa franja, entre 30 y 90 grados norte, la absorción neta de carbono cayó de manera inusual y aportó una fracción importante del exceso de CO2 acumulado en la atmósfera. Según el trabajo, los trópicos añadieron 2,22 mil millones de toneladas de carbono extra a la atmósfera durante esos dos años y las regiones del norte sumaron otras 0,84 mil millones.
El resultado importa porque sugiere que los ecosistemas del norte pueden responder con más fuerza de la esperada a condiciones climáticas anómalas. El estudio apunta sobre todo a la temperatura como motor principal de esa caída en la captación de carbono, mientras que los incendios tuvieron un papel más débil y episódico. Si esa sensibilidad se repite o se intensifica en un clima más cálido, los sumideros terrestres podrían volverse menos confiables como freno parcial del aumento del CO2.
También hay un valor práctico en el enfoque. El equipo destaca que esta combinación de cobertura global y procesamiento relativamente rápido permite seguir los cambios del ciclo del carbono con menos demora que otros sistemas. Eso no reemplaza otras mediciones ni resuelve por sí solo todas las incertidumbres, pero puede ayudar a detectar antes cuándo un cambio climático regional está alterando el balance global.
Como ocurre con este tipo de reconstrucciones, el estudio no observa directamente cada intercambio de carbono sobre el terreno, sino que los infiere a partir de datos atmosféricos y modelos. Por eso los resultados regionales conservan márgenes de incertidumbre y necesitan contrastarse con otras fuentes. Aún así, el trabajo aporta una advertencia concreta: en 2023 y 2024 no solo emitimos mucho carbono, sino que una parte de la biosfera que suele retirarlo del aire funcionó peor de lo habitual.
Reduced CO2 uptake by the terrestrial biosphere at northern mid-to-high latitudes contributed to the rapid rise in atmospheric CO2 during 2023-2024 · National Institute for Environmental Studies (Japan)
National Institute for Environmental Studies, Japan · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Maity, S., Niwa, Y., Saeki, T., Someya, Y., & Yoshida, Y. (2026). Drivers of 2023-2024 Atmospheric CO2 Growth: Role of Northern Mid-to-High Latitude Land Carbon Cycle. Geophysical Research Letters, 53(13), e2026GL122221. https://doi.org/10.1029/2026GL122221
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