Cuando un gran río se desborda, la intuición sugiere que el momento más peligroso coincide con el máximo caudal que baja desde aguas arriba. Un nuevo estudio indica que en los ríos influenciados por la marea eso no siempre ocurre. En esos tramos, el nivel más alto del agua puede llegar más tarde, cuando la crecida ya empezó a retroceder pero coincide con mareas especialmente fuertes.
La investigación se centró en el río Yangtsé, donde las inundaciones de 1954 y 2020 dejaron daños enormes. Al comparar registros hidrológicos de ambos episodios con modelos de marea, el equipo encontró que los niveles máximos no se produjeron en el instante de mayor descarga del río, sino una o dos semanas después, durante mareas vivas de perigeo. En otras palabras, el momento más crítico apareció cuando seguía llegando mucha agua desde el interior, pero además el mar empujaba con más fuerza río arriba.
Los autores describen tres mecanismos que ayudan a explicar ese efecto. Uno es que un caudal demasiado alto amortigua parte de la señal de la marea. Otro es una especie de inercia del sistema: aunque la descarga empiece a bajar, el nivel del agua tarda más en responder y puede mantenerse elevado. El tercero es la aparición de oscilaciones de baja frecuencia generadas por la interacción no lineal entre río y marea. En el caso del Yangtsé, esa combinación elevó el nivel máximo hasta 30 centímetros adicionales durante las fases de marea más intensas, una diferencia suficiente como para empeorar una inundación ya severa.
El trabajo también ofrece una pista sobre por qué la crecida de 2020 alcanzó marcas récord pese a que su pico de descarga fue menor que el de 1954. Según el estudio, el profundizado del cauce en décadas recientes redujo parte del frenado natural que antes debilitaba la marea río arriba. Con menos amortiguación, el pulso marino penetró mejor en el sistema y contribuyó a aumentar el nivel final del agua. A eso se suma el ascenso del nivel del mar, que facilita todavía más ese avance.
Aunque el análisis detallado se hizo sobre el Yangtsé, la conclusión no se limita a China. Los autores identificaron más de 3.380 kilómetros de ríos de marea en estuarios y deltas del mundo donde mecanismos parecidos podrían aumentar el riesgo de inundación. Entre los ejemplos mencionados aparecen sistemas muy conocidos, como el Mekong y la Amazonia, lo que refuerza la idea de que no alcanza con mirar lluvia, caudal y obras hidráulicas por separado cuando se planifica la gestión del riesgo.
Eso no significa que todas las crecidas costeras vayan a comportarse igual ni que el estudio permita pronosticar por sí solo futuras inundaciones en cualquier cuenca. La evidencia combina dos eventos históricos, modelado físico y una evaluación global más general sobre otros ríos. Pero sí deja una advertencia concreta: en la zona donde el río y el mar se encuentran, el peor momento puede no ser el del mayor caudal, sino el de una sincronía desafortunada entre ambos. Para diseñar alertas, defensas y mapas de riesgo en un clima cambiante, esa diferencia temporal puede importar mucho.
How tides and river water combine to amplify floods · Phys.org
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Guo, L., Devlin, A. T., Hoitink, T., et al. (2026). Tidal River Flood Risk Highest During Intermediate Rather Than Peak River Discharge. AGU Advances, 7(3), e2025AV002247. https://doi.org/10.1029/2025AV002247
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