Los isópodos gigantes del océano profundo son famosos por una capacidad difícil de imaginar: pueden pasar años sin comer. Un trabajo reseñado por Nature y publicado en Cell propone una explicación llamativa para esa resistencia extrema al ayuno. Según el estudio, estos animales incorporaron hace mucho tiempo un gen de origen microbiano que ayuda a reducir su gasto energético en condiciones de frío y escasez.
Los investigadores combinaron comparaciones morfológicas, fisiológicas y genómicas para estudiar a estos grandes crustáceos del fondo marino. El resultado describe una estrategia doble. Por un lado, los animales tienen un estómago muy distensible, capaz de retener grandes comidas esporádicas cuando finalmente aparece alimento. Por otro, muestran una tasa metabólica basal muy baja, algo crucial en un ambiente donde la energía disponible puede ser mínima durante largos períodos.
El punto más novedoso del estudio es que esa economía metabólica estaría vinculada a un gen llamado ND1, relacionado con el metabolismo energético de microbios y adquirido por transferencia horizontal, un proceso en el que material genético pasa entre organismos muy distantes. Los autores sostienen que ese gen no solo fue incorporado al linaje de los isópodos gigantes, sino que después se duplicó y pasó a expresarse con mucha intensidad. En ensayos funcionales con peces cebra transgénicos, nematodos y líneas celulares, la presencia de ND1 redujo la actividad de genes propios de producción de energía y prolongó la supervivencia bajo condiciones de frío y supresión metabólica.
La historia es atractiva porque muestra una forma poco común de adaptación animal. La transferencia horizontal es habitual entre microbios, pero mucho más rara como explicación directa de rasgos complejos en grandes animales. En este caso, el trabajo ofrece una hipótesis concreta para entender cómo un linaje de megafauna del océano profundo pudo reconciliar dos exigencias difíciles de combinar: cuerpos grandes, que consumen energía, y un ambiente donde comer puede ser un evento excepcional.
Eso no significa que todos los misterios del gigantismo de aguas profundas estén resueltos. Parte de la evidencia funcional proviene de organismos modelo y sistemas celulares, no de experimentos imposibles de reproducir en el propio fondo oceánico. Tampoco prueba que otras especies extremas usen la misma solución evolutiva. Pero sí aporta una base experimental fuerte para una pregunta clásica sobre la vida en uno de los ambientes más duros del planeta.
La información se apoya en una nota de Nature que remite al artículo original en Cell. Para esta pieza se priorizó la trazabilidad del paper primario, incluido su DOI, porque el hallazgo central depende del estudio experimental y no solo del resumen periodístico.
Giant crustacean of the deep sea steals a trick from bacteria · Nature
www.nature.com · Fuente de imagen
Yuan, J., Zhang, X., Li, S., Wang, K., Sun, Y., Luo, M., Su, Y., Kou, Q., Liu, C., Yu, Y., Li, R., Wang, L., Li, X., Chu, K., Xiang, J., & Li, F. (2026). Deep-sea megafauna co-opts microbial energy metabolism genes to withstand ultra-long starvation. Cell. https://doi.org/10.1016/j.cell.2026.05.012
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