Un fósil de 24 patas reabre una etapa pérdida en el origen de los insectos

Un fósil de 324 millones de años hallado en Texas sugiere que los primeros parientes de los insectos conservaron muchas patas abdominales antes de que el plan corporal de seis patas se volviera dominante.

Por Redacción Ciencias.UY 26 de agosto de 2026 a las 14:45 4 min de lectura
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Los insectos actuales parecen definidos por una regla simple: seis patas y un cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen. Pero un fósil de 324 millones de años sugiere que esa fórmula no siempre fue así. Un equipo de investigadores reinterpretó un ejemplar hallado en Texas y concluyó que pertenecía a un pariente muy temprano de los insectos, con tres pares de patas para caminar y, además, nueve pares extra de apéndices a lo largo del abdomen.

El animal fue bautizado Chosha praecursor y había pasado décadas casi olvidado. Cuando se descubrió en 1985, se lo confundió con un crustáceo juvenil hallado en la misma formación geológica. La nueva revisión, publicada en Nature, volvió a examinar el fósil con luz polarizada para resaltar detalles anatómicos que antes habían pasado desapercibidos. Así aparecieron rasgos compatibles con los insectos tempranos: un tórax de tres segmentos, un abdomen largo, antenas finas, estructuras caudales y un aparato reproductor.

La rareza estaba en el abdomen. Allí, los investigadores identificaron los nueve pares de apéndices adicionales, algunos terminados en paletas aplanadas. Esa combinación sugiere un modo de vida anfibio o al menos muy ligado a aguas someras y fondos fangosos. En vez de mostrar a los insectos ya instalados en tierra firme, el fósil apuntaría a una etapa intermedia, cuando algunos de sus parientes todavía conservaban rasgos corporales útiles para desplazarse en ambientes acuáticos.

El valor del hallazgo no está solo en lo extraño del animal, sino en el hueco que ayuda a llenar. Desde hace años, los paleontólogos intentan entender cómo fue la transición desde ancestros parecidos a crustáceos hacia los insectos de seis patas que terminaron dominando buena parte de la vida terrestre. Chosha no resuelve toda la historia, pero ofrece una pieza que faltaba: muestra que pudieron existir formas transicionales con más patas, antes de que el plan corporal hexápodo se estabilizara.

Como ocurre con muchos estudios paleontológicos, las conclusiones dependen de un único ejemplar y de cómo se interpretan sus estructuras. El fósil no permite observar cada detalle del desarrollo de esos animales ni seguir paso a paso cómo perdieron los apéndices de más. Aún así, aporta una evidencia concreta de que la evolución temprana de los insectos fue menos lineal de lo que hoy sugiere su anatomía. Lo que ahora parece una regla fija probablemente fue, durante mucho tiempo, apenas una posibilidad entre varias.

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Cita original

Tihelka, E., Vásquez, C., Engel, M. S., Schram, F. R., Lozano-Fernandez, J., & Cai, C. (2026). Amphibious stem-insect sheds light on colonization of land. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10961-2

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