Estuarios de Estados Unidos muestran más calor, algas y menos oxígeno

Un análisis de más de 250 millones de mediciones en 29 estuarios de Estados Unidos detectó calentamiento, más clorofila y caídas de oxígeno entre 2002 y 2022.

Por Redacción Ciencias.UY 09 de setiembre de 2026 a las 17:00 4 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Botella con agua verdosa tomada en un estuario, con el paisaje costero al fondo.

Los estuarios son fronteras vivas entre los ríos y el mar. Allí el agua dulce se mezcla con agua salada, se crían peces y mariscos, se retienen nutrientes y se amortiguan parte de los cambios que llegan desde tierra firme. Un estudio publicado en Communications Earth & Environment muestra que, en muchos estuarios de Estados Unidos, esa frontera está cambiando de manera simultánea: el agua se calienta, aumenta la señal de algas y baja el oxígeno disponible.

El trabajo reunió más de 250 millones de mediciones tomadas directamente en el agua entre 2002 y 2022. Los datos provienen de 129 estaciones de monitoreo distribuidas en 29 estuarios de distintas regiones climáticas de Estados Unidos. Esa escala permite mirar más allá de un episodio local de contaminación o de una temporada excepcional y preguntarse si hay tendencias compartidas en sistemas costeros muy diferentes.

La señal más clara fue doble. Cerca de dos tercios de los sitios analizados mostraron aumentos significativos de temperatura del agua y de clorofila-a, un pigmento que se usa como indicador de la cantidad de algas microscópicas. Al mismo tiempo, alrededor de la mitad de los sitios registró descensos significativos del oxígeno disuelto, el oxígeno que peces, moluscos, crustáceos y otros organismos necesitan para vivir.

Estos cambios no actúan por separado. El agua más caliente puede retener menos oxígeno, y las floraciones de algas pueden agravar el problema cuando esa materia orgánica se descompone y los microbios consumen oxígeno en el proceso. En un estuario, esa combinación puede empujar a zonas de bajo oxígeno, con estrés para la fauna acuática y pérdidas para actividades como la pesca, la acuicultura, el turismo o la recreación costera.

El estudio también ayuda a separar una idea intuitiva de lo que muestran los datos. A escala continental, los cambios en nutrientes, más que la temperatura por sí sola, aparecen como el factor más relacionado con el aumento de clorofila-a. Para las caídas de oxígeno, en cambio, los mejores predictores fueron la temperatura y la clorofila-a juntas. Dicho de otra manera: el calentamiento importa, pero la calidad del agua depende también de lo que llega desde las cuencas, como fertilizantes, aguas residuales y otros aportes que alimentan el crecimiento de algas.

Una fortaleza del trabajo es que usa series largas de mediciones tomadas en el lugar, no solo observaciones satelitales o campañas aisladas. Ese tipo de monitoreo sostenido hace visibles tendencias lentas que pueden pasar inadvertidas cuando se mira un estuario durante pocos meses. También permite comparar qué procesos se repiten y cuáles dependen de la geografía, el clima local, la circulación del agua o el uso del suelo en cada cuenca.

Las conclusiones no se trasladan de forma automática a otros países ni a sistemas como el Río de la Plata. Los estuarios uruguayos y regionales tienen sus propias dinámicas, fuentes de nutrientes, mareas, caudales y presiones humanas. Además, el análisis es observacional: puede identificar asociaciones robustas entre variables, pero no reproduce en un experimento todas las causas posibles de cada cambio.

Con esas cautelas, el mensaje es útil para cualquier costa donde conviven ciudades, producción, biodiversidad y cambio climático. Si el agua se calienta, entran más nutrientes y aumenta la biomasa de algas, el oxígeno puede convertirse en un límite silencioso para la vida acuática. Medirlo de forma constante no resuelve el problema por sí solo, pero sí permite anticipar riesgos y ajustar las decisiones antes de que una degradación lenta se convierta en crisis.

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Cita original

Reinl, K. L., Dunn, R. P., Cressman, K. A., Collins, T., DeBose, J. L., Friedrichs, C. T., Goldstein, J. S., Helms, A. R., Kinkade, C., Krask, J. L., Parrish, D. B., Nicklay, H. N., Ridge, J. T., Sanger, D. M., Cianci-Gaskill, J. A., Dix, N. G., Grothues, T. M., McMurray, S. E., & Peter, C. (2026). In situ observations reveal continental-scale warming, oxygen decline, and eutrophication in U.S. estuaries. Communications Earth & Environment, 7, 716. https://doi.org/10.1038/s43247-026-03934-w

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