Los machos del chotacabras tijera no conquistan a sus parejas con canto, sino con un golpe seco que producen con el propio cuerpo. Un estudio publicado en Journal of Avian Biology mostró que esos chasquidos nocturnos no salen de plumas que se rozan ni de un aplauso de aire entre las alas, como se había propuesto durante décadas, sino del choque rápido entre huesos del ala. El trabajo aporta una explicación mecánica precisa para una conducta de cortejo llamativa y poco entendida.
Los investigadores Juan Ignacio Areta y Christopher Clark filmaron a las aves de noche cerca de Salta, en Argentina, con cámaras infrarrojas de alta velocidad sincronizadas con grabaciones de audio. Ese diseño permitió relacionar el instante exacto del sonido con el movimiento de las alas. Los videos mostraron que, durante algunas exhibiciones, los machos saltan o vuelan y hacen colisionar las muñecas alares por detrás del cuerpo. Según los autores, el impacto hace vibrar sobre todo el radio y produce el chasquido breve y fuerte que se escucha durante el cortejo.
Ese resultado es importante porque descarta varias hipótesis previas. El estudio no encontró evidencia de que el sonido surja por plumas de alas opuestas chocando entre sí ni por un mecanismo parecido al aplauso humano, donde el aire comprimido genera el impulso sonoro. En cambio, la fuente parece ser directamente esquelética, una solución rara entre aves. Los autores también describen otros sonidos mecánicos, como un golpe grave de origen todavía incierto y un crujido de plumas asociado a otras conductas.
La investigación amplía la lista de aves que usan partes del cuerpo distintas de la laringe para comunicarse. Ya se conocían manakines que también producen sonidos con movimientos muy rápidos del ala, pero en este caso la conducta aparece en un grupo evolutivamente distante y en un contexto de actividad nocturna. Eso ayuda a entender mejor cómo la selección sexual puede moldear no solo plumajes o cantos, sino también anatomías capaces de generar señales físicas inusuales.
Como toda observación conductual fina, el trabajo tiene límites. Se concentra en una especie, en un conjunto específico de poblaciones y en situaciones registradas en campo con equipos especializados. Además, aunque el mecanismo físico principal quedó mucho más claro, todavía no se sabe con precisión qué información transmiten esos chasquidos a hembras o rivales, ni si otras especies emparentadas producen sonidos equivalentes exactamente del mismo modo. El hallazgo resuelve una vieja pregunta mecánica, pero deja abiertas varias sobre evolución y función biológica.
Science News · Fuente de imagen
Areta, J. I., & Clark, C. J. (2026). High-speed infrared video analysis of sonations in the scissor-tailed nightjar Hydropsalis torquata. Journal of Avian Biology, 2026(3). https://doi.org/10.1002/jav.03631
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