En una zona del océano donde no llega la luz solar, dos especies de arañas marinas gigantes mostraron una capacidad inesperada: emiten un resplandor azul. Fotografías y ensayos realizados con ejemplares recolectados frente al sudeste de Australia aportan la primera evidencia fotográfica de bioluminiscencia en estos animales, parientes lejanos de las arañas terrestres.
El hallazgo corresponde a Colossendeis tasmanica y Colossendeis minor, habitantes de las aguas abisales. La primera tiene un cuerpo pequeño en relación con sus patas, que pueden alcanzar unos 25 centímetros. Los animales fueron recogidos durante una expedición de 2017 en una fosa marina, a profundidades de hasta casi 5.000 metros, y luego observados en condiciones de oscuridad a bordo del buque de investigación.
El equipo detectó un brillo tenue en las patas de algunos ejemplares de C. tasmanica al estimularlos. Al añadir cloruro de potasio, una sustancia que puede activar células capaces de producir luz, el resplandor se volvió más intenso y se mantuvo hasta diez minutos en algunos ensayos. C. minor también emitió luz. Las imágenes confirman descripciones aisladas de arañas marinas luminosas que se remontaban a más de un siglo, pero hasta ahora faltaba una demostración visual y experimental de este fenómeno.
La bioluminiscencia no es un reflejo de una lámpara externa: es luz producida por un organismo mediante reacciones químicas. Se diferencia de la fluorescencia: en ella, un material absorbe luz de cierta longitud de onda y la devuelve con otro color. Las tres especies examinadas por el equipo, incluso una sin emisión de luz propia, mostraron fluorescencia verde bajo iluminación ultravioleta y azul. La presencia de ambos fenómenos en los mismos animales no significa que tengan la misma causa ni la misma función.
La ubicación del brillo ofrece una pista, pero todavía no una explicación. La mayor parte de la luz se concentró en la cara inferior de las patas, cerca del tracto digestivo. Por eso los investigadores plantean como hipótesis que ciertos compuestos obtenidos de sus presas, posiblemente anémonas, participen en la luminiscencia. También se ha sugerido que la señal podría intervenir en el encuentro entre individuos o ayudar a localizar alimento sobre el fondo marino. Ninguna de esas posibilidades fue demostrada por el estudio.
El resultado ayuda a completar un mapa todavía incompleto de la vida luminosa del océano profundo. En un ambiente sin amaneceres ni atardeceres, producir luz puede servir para comunicarse, atraer, confundirse con el entorno o alimentarse, según la especie. Pero saber que una araña marina brilla no permite deducir automáticamente para qué lo hace. Para responderlo harán falta observaciones en su hábitat, con cámaras capaces de registrar el comportamiento de estos animales a gran profundidad.
También hay que considerar el alcance limitado de la evidencia: se estudiaron ejemplares de dos especies y las pruebas se hicieron fuera del ambiente abisal. Aún así, el trabajo muestra cómo una observación directa, combinada con experimentos sencillos y cautelosos, puede convertir un relato antiguo y extraño en una pregunta concreta sobre la ecología de las profundidades.
These deep-sea spiders give off an otherworldly glow · Science News
Jérôme Mallefet · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Mallefet, J., Staples, D. A., O'Hara, T. D., & Duchatelet, L. (2026). Abyssal glowing sea spider, first insight into pycnogonid luminescence. Deep Sea Research Part I: Oceanographic Research Papers, 231, 104735. https://doi.org/10.1016/j.dsr.2026.104735
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