Los abejorros no solo aprenden asociaciones simples: también pueden encontrar una solución nueva cuando se les presenta un obstáculo inesperado. Un estudio publicado en Science mostró que obreras de Bombus terrestris lograron mover una pelota hasta colocarla debajo de una flor artificial ubicada en el techo de una pequeña arena experimental y luego subirse a ella para alcanzar una recompensa azucarada. Lo llamativo es que los insectos no habían sido entrenados para esa maniobra específica, por lo que el resultado apunta a una forma de resolución espontánea de problemas.
El equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, trabajó primero con dos aprendizajes básicos: que una pelota era un objeto movible y que un anillo azul marcaba la ubicación del alimento. Después cambió la situación. En vez de encontrar la “flor” en el piso, como en el entrenamiento, las abejas debían alcanzarla en el techo de un recinto demasiado bajo para volar hasta ella. Más del 70 por ciento consiguió resolver la tarea empujando la pelota hasta el lugar correcto y usándola como escalón.
La parte más fuerte del trabajo fue que los autores intentaron descartar explicaciones más simples, como que las abejas actuaran solo por ensayo y error guiadas por lo que veían en ese momento. En una versión más exigente del experimento, la arena tenía dos compartimentos y la flor quedaba escondida al inicio del movimiento. Aún así, muchas abejas llevaron la pelota al cuarto correcto, lo que sugiere que mantenían una meta en mente y no se limitaban a repetir una asociación visual inmediata. Según la fuente secundaria revisada, es la primera vez que este tipo de resolución espontánea de problemas se documenta de forma tan clara en un invertebrado.
El hallazgo importa porque obliga a matizar una idea muy extendida: que cerebros pequeños solo pueden producir conductas rígidas o puramente reflejas. Los resultados no significan que los abejorros razonen como un primate ni que usen herramientas en cualquier contexto, pero sí indican que una arquitectura nerviosa diminuta puede generar conductas flexibles y orientadas a objetivos. Eso amplía el campo de preguntas sobre cómo evoluciona la cognición animal y qué capacidades pueden surgir sin un cerebro grande.
De todos modos, conviene no exagerar el alcance. El experimento se hizo en condiciones de laboratorio, con una sola especie y con tareas diseñadas por humanos. Además, las abejas habían recibido entrenamiento previo sobre los elementos de la situación, aunque no sobre la solución final. El estudio muestra una capacidad concreta bajo un protocolo controlado; no prueba que todos los insectos resuelvan problemas complejos en la naturaleza ni que esta conducta sea frecuente fuera de ese contexto.
Science News · Fuente de imagen
Bhambore, A. A., Akmeşe, E. N., Häkkinen, E., Jussila, M. K., Kantola, J.-H., & Loukola, O. J. (2026). Spontaneous problem-solving in bumble bees. Science, 392(6802), 1046-1049. https://doi.org/10.1126/science.ady1618
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