Durante años, los denisovanos fueron conocidos más por su ADN que por sus huesos. Este grupo humano extinto, emparentado con neandertales y humanos modernos, dejó señales genéticas en poblaciones actuales de Asia y Oceanía, pero sus restos fósiles identificados con seguridad han sido escasos. Un nuevo estudio amplía ese mapa con huesos y dientes procedentes de la cueva Bianfu, en el suroeste de China.
La investigación, publicada en Nature, no partió de esqueletos completos ni de cráneos fáciles de clasificar. El equipo examinó más de 60.000 fragmentos óseos recuperados en la cueva y seleccionó una parte para análisis molecular. En materiales tan fragmentarios, la forma externa suele decir poco; por eso los investigadores recurrieron a proteínas antiguas, moléculas más resistentes que el ADN en ciertos contextos y capaces de conservar pistas sobre parentesco evolutivo.
El método se conoce como paleoproteómica. En lugar de leer directamente el genoma, busca secuencias de proteínas, especialmente colágeno y proteínas del esmalte dental, que pueden variar entre grupos. Esas diferencias funcionan como marcas moleculares. En Bianfu, los análisis permitieron asignar a denisovanos dos fragmentos de hueso parietal, un fragmento proximal de radio y dos dientes de hominino hallados durante la excavación.
Las capas donde aparecieron esos restos fueron datadas aproximadamente entre 167.000 y 134.000 años atrás. Esa cronología los ubica en el Pleistoceno medio tardío, un periodo en el que varios linajes humanos coexistían y se dispersaban por Eurasia. Hasta ahora, el registro denisovano tenía puntos importantes en Siberia, el Tíbet y otros hallazgos recientes de Asia oriental, pero seguía dejando vacíos geográficos grandes.
El aporte de Bianfu es doble. Por un lado, establece una nueva localidad con varios restos atribuidos molecularmente a denisovanos, lo que ayuda a completar su presencia en el sur de China. Por otro, incluye un hueso del antebrazo. Ese tipo de material postcraneal es especialmente valioso porque la mayor parte de la información anatómica disponible sobre denisovanos proviene de dientes, mandíbula, cráneo parcial o fragmentos aislados, no de huesos largos.
Los autores compararon el fragmento de radio con otros fósiles humanos y observaron rasgos útiles para discutir la forma corporal de estos homininos. Aún así, el material sigue siendo limitado. Un fragmento de hueso no alcanza para reconstruir con precisión cómo caminaban, qué tamaño corporal tenían o cuánta variación había entre grupos denisovanos de distintas regiones. Sí ofrece una pieza directa que antes faltaba.
El estudio también muestra por qué las proteínas antiguas se volvieron una herramienta importante para la evolución humana. En climas o sedimentos donde el ADN se degrada, las proteínas pueden conservarse mejor y permitir identificar restos que de otro modo quedarían catalogados solo como huesos indeterminados. Eso abre la posibilidad de revisar colecciones fragmentarias con una pregunta nueva: no solo qué forma tiene un fósil, sino qué señales moleculares aún conserva.
La imagen final sigue siendo parcial. Los denisovanos no fueron una población uniforme, y cada nuevo hallazgo puede cambiar la interpretación de su distribución, su diversidad y sus encuentros con otros linajes humanos. Lo que Bianfu agrega es una prueba más de que su historia asiática fue más amplia de lo que permitía ver el registro fósil conocido hasta hace pocos años.
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Rao, H., Xing, S., Ruan, Q., Bai, F., Zhao, Y., Wu, Z., Tang, S., Bennett, E. A., Feng, X., Lin, S., Shao, Q., Yang, X., Li, Z., Zhou, K., Liu, F., & Fu, Q. (2026). Ancient proteins identify various Denisovan remains from Southwest China. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-10976-9
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