Los pastos marinos de Indonesia no están igual de sanos, y eso cambia dónde conviene proteger

Un estudio en 21 praderas marinas de Indonesia desarrolló un índice para distinguir zonas sanas, áreas degradadas y sitios que podrían ser clave para conservar carbono azul y biodiversidad.

Por Redacción Ciencias.UY 21 de agosto de 2026 a las 15:45 4 min de lectura
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Pradera de pastos marinos bajo el agua, un ecosistema costero clave para almacenar carbono y sostener biodiversidad.

No todas las praderas de pastos marinos cumplen el mismo papel ni enfrentan el mismo nivel de deterioro. Un nuevo estudio en Indonesia mostró que algunas conservan condiciones ecológicas muy buenas, otras ya exhiben señales claras de degradación y algunas funcionan como pequeños refugios relativamente sanos dentro de paisajes más presionados. Esa diferencia importa porque los pastos marinos ayudan a almacenar carbono, sostienen pesquerías, protegen costas y sirven de hábitat para muchas especies.

Para ordenar ese mosaico, investigadores de varias instituciones indonesias desarrollaron un índice llamado SEQI, sigla en inglés de índice de calidad ecológica de pastos marinos. El trabajo evaluó 21 praderas del centro y este de Indonesia combinando cinco indicadores: riqueza de especies, cobertura de pastos marinos, claridad del agua, cobertura de macroalgas y cobertura de epífitas, organismos que crecen sobre las hojas. Con esa base, el equipo no solo comparó la condición de cada sitio, sino también su relación con el entorno cercano.

Los resultados mostraron un contraste amplio. Los valores del índice fueron desde 0,39 hasta 0,88, una diferencia que sugiere que dentro de una misma región conviven ecosistemas relativamente saludables con otros mucho más alterados. Entre los sitios con mejores puntajes aparecieron Pasi-Gusung, Parak y Maharayya, donde coincidían varias señales favorables, como más especies, mayor cobertura vegetal y aguas más claras. En el otro extremo, Lae-Lae mostró condiciones más comprometidas, con poca cobertura de pastos y menor diversidad.

El estudio no se limitó a clasificar lugares de mejor o peor calidad. También identificó “hotspots”, “coldspots” y valores atípicos según la situación de los sitios vecinos. Los hotspots fueron áreas sanas rodeadas por otras también sanas, lo que puede indicar una mayor resiliencia ecológica. Los coldspots, en cambio, agruparon zonas degradadas que podrían requerir restauración o reducción de presiones humanas. Además, aparecieron casos intermedios o contrastantes: praderas relativamente bien conservadas en contextos deteriorados, que podrían actuar como refugios, y sitios dañados dentro de sistemas más saludables, donde una intervención focalizada quizá tenga más chances de éxito.

Ese enfoque espacial cambia la lógica de conservación. En vez de tratar cada pradera como una unidad aislada, los autores proponen mirar patrones regionales para decidir dónde conviene proteger primero, dónde restaurar y dónde conviene amortiguar impactos antes de que el deterioro avance. En un país con más de 660.000 hectáreas de pastos marinos y una enorme diversidad de ambientes costeros, esa priorización puede hacer una diferencia práctica cuando los recursos para monitoreo y manejo son limitados.

La relevancia va más allá de Indonesia. Los pastos marinos integran los llamados ecosistemas de carbono azul, capaces de capturar y almacenar carbono en sedimentos costeros durante largos períodos. También amortiguan oleaje, ayudan a estabilizar fondos marinos y sostienen redes alimentarias de interés pesquero. Saber qué zonas están mejor conservadas y cuáles están cediendo puede ayudar a dirigir medidas que beneficien al mismo tiempo a la biodiversidad y al clima.

El trabajo, de todos modos, no resuelve por sí solo cómo evolucionarán estas praderas. El índice resume varios indicadores en una sola medida y ofrece una fotografía espacial útil, pero no reemplaza el seguimiento de largo plazo. Además, el estudio se concentró en el centro y este de Indonesia, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse automáticamente a todas las costas del país ni a otras regiones tropicales con condiciones distintas.

Aún con esas limitaciones, la investigación aporta una herramienta concreta para pasar de la alarma general a decisiones más finas. Si los pastos marinos no se encuentran todos en el mismo estado, las políticas de conservación tampoco deberían ser iguales para todos. Mapear esa diferencia puede ser uno de los pasos más útiles para proteger mejor estos ecosistemas costeros antes de que la degradación vuelva más difícil su recuperación.

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Cita original

Ambo-Rappe, R., Muhlis, M., Selamat, M. B., La Nafie, Y. A., Mashoreng, S., Widhah, St. F., Artika, S. R., Sila, H. B. D., Lestari, A. E., Amri, K., Lanuru, M., Nurhabni, F., Yusuf, M., Sitadevi, L., Tular, B., Rumaisha, A., Munier, M. T., & Mukti, A. (2026). Spatial–multivariate modelling of seagrass ecological quality index (SEQI) in Central to Eastern Indonesia. Science of the Total Environment, 1039, 181904. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2026.181904

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