Las grandes extinciones de la historia de la Tierra suelen explicarse por volcanismo extremo, cambios bruscos en el clima, alteraciones del océano o impactos cósmicos. Un trabajo difundido por MIT propone mirar esos episodios desde una regla más general: el problema no sería solo cuánto cambia el ambiente, sino si ese cambio ocurre más rápido de lo que las especies pueden adaptarse.
La idea parte de algo conocido a pequeña escala. Cuando un entorno se transforma con demasiada rapidez, una población puede no tener tiempo suficiente para ajustar su fisiología, su comportamiento o su evolución. Lo novedoso del nuevo modelo es que intenta llevar ese principio al nivel del planeta entero y usarlo para entender por qué algunas crisis biológicas fueron moderadas y otras terminaron en colapsos enormes.
El estudio, desarrollado por Daniel Rothman, del MIT, y Sergei Petrovskii, de la Universidad de Leicester, presenta una formulación teórica que relaciona dos velocidades: la del cambio ambiental global y la de adaptación biológica. A partir de esa comparación, los autores estiman qué fracción de la vida quedaría desacompasada respecto de su entorno y, por lo tanto, expuesta a la extinción.
Para poner a prueba la idea, el equipo comparó el modelo con datos disponibles sobre varias grandes extinciones del pasado, entre ellas la del límite Pérmico-Triásico, la más severa conocida. Según la nota de MIT, el esquema reprodujo razonablemente bien la gravedad de la mayoría de esos episodios cuando se lo alimentó con estimaciones de cuán rápido estaba cambiando el ambiente en cada caso. En términos simples, cuanto mayor era la diferencia entre la velocidad del deterioro ambiental y la capacidad de respuesta de la vida, mayor era la pérdida de biodiversidad esperada.
Ese enfoque importa porque ofrece una forma compacta de pensar crisis biológicas muy distintas entre sí. En vez de tratar cada extinción como un caso completamente aparte, el modelo busca una regularidad común. También puede ayudar a traducir un problema abstracto en una pregunta más concreta para el presente: no alcanza con saber que el planeta está cambiando, también importa a qué ritmo ocurre y si ecosistemas y especies tienen margen temporal para seguirle el paso.
Esa conexión vuelve inevitable la comparación con el cambio climático actual, aunque los propios resultados no equivalen a un pronóstico directo de una nueva extinción masiva. El modelo simplifica procesos muy complejos y trabaja con información histórica incompleta, porque reconstruir con precisión la rapidez del cambio ambiental en tiempos geológicos sigue siendo difícil. Además, la capacidad de adaptación no es igual para todos los grupos: algunas especies pueden desplazarse, otras tolerar mejor el estrés y otras depender de relaciones ecológicas muy frágiles.
Por eso, el trabajo no dice que exista un umbral único que determine el destino de toda la vida en la Tierra. Lo que sí sugiere es que hay una relación medible entre el ritmo del cambio global y la vulnerabilidad biológica, y que esa relación aparece una y otra vez cuando se mira el registro profundo del planeta. Entender mejor ese desajuste podría ayudar no solo a reinterpretar extinciones antiguas, sino también a pensar con más claridad qué vuelve especialmente peligrosos los cambios ambientales rápidos en el presente.
What happens when environmental change outpaces life’s ability to adapt? · MIT News Research
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Rothman, D. H., & Petrovskii, S. (2026). Relating rates of global change, evolutionary adaptation, and extinction. Physical Review Letters, 136(25), 254201. https://doi.org/10.1103/62jn-xgqy
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