El “guepardo americano” no era un guepardo y podía vivir de formas muy distintas

ADN antiguo y análisis isotópicos muestran que Miracinonyx trumani estaba más emparentado con el puma que con el guepardo africano, y que algunas poblaciones del Ártico probablemente comían mucho pescado.

Por Redacción Ciencias.UY 04 de setiembre de 2026 a las 17:45 4 min de lectura
Imagen: Science News Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Ilustración de un Miracinonyx trumani persiguiendo una presa en un paisaje abierto del Pleistoceno.

El animal extinto conocido como “guepardo americano” quizá necesite un nombre menos engañoso. Un estudio publicado en Current Biology concluye que Miracinonyx trumani estaba más emparentado con los pumas actuales que con los guepardos africanos. Y no solo eso: los nuevos datos sugieren que este felino del Pleistoceno podía vivir de maneras bastante distintas según la región, hasta el punto de que algunas poblaciones del norte probablemente se alimentaban en gran medida de peces.

La imagen clásica de este depredador venía de su aspecto. Sus patas largas, su cuerpo esbelto y su aparente capacidad para correr rápido hicieron pensar durante décadas en un equivalente norteamericano del guepardo moderno, adaptado para perseguir presas veloces en espacios abiertos. Esa idea ayudó a instalar una historia evolutiva muy conocida: que la gran velocidad del berrendo de América del Norte habría surgido, al menos en parte, para escapar de un cazador parecido al guepardo.

El nuevo trabajo obliga a matizar mucho ese relato. El equipo analizó ADN antiguo obtenido de fósiles hallados en Yukon y Wyoming, además de usar isótopos estables para inferir la dieta de algunos ejemplares. Esa combinación permitió ubicar mejor a Miracinonyx en el árbol evolutivo de los felinos y comparar cómo se alimentaban poblaciones separadas por miles de kilómetros. El resultado fue claro: su parentesco más cercano entre los felinos actuales no apunta al guepardo africano, sino al puma.

Eso no significa que el aspecto del animal fuera una ilusión, sino que su parecido con el guepardo sería un caso de evolución convergente. En biología, eso ocurre cuando linajes distintos terminan desarrollando formas corporales parecidas porque enfrentan presiones ecológicas similares. El estudio sugiere, entonces, que el cuerpo “tipo guepardo” de Miracinonyx no prueba una relación cercana con Acinonyx, sino una solución anatómica semejante para problemas de caza o movimiento en ambientes abiertos.

La otra sorpresa llegó desde el norte. Los fósiles estudiados en Yukon ampliaron hacia el Ártico el rango conocido de la especie y mostraron señales químicas compatibles con una dieta muy distinta de la esperada para un corredor especializado de praderas. Mientras los ejemplares de Wyoming encajan mejor con un carnívoro terrestre que cazaba herbívoros, los del Yukon presentan valores que apuntan a una fuerte dependencia de recursos acuáticos, probablemente peces. Eso sugiere que la especie no estaba atada a un único estilo de vida, sino que podía explotar nichos muy diferentes.

La relevancia del hallazgo va más allá de corregir una etiqueta popular. También cambia cómo se piensa la ecología de este depredador y el grado de flexibilidad que podía tener un gran felino extinto en ambientes muy contrastantes. Si algunas poblaciones fueron capaces de vivir tan al norte y usar fuentes de alimento distintas, entonces el “guepardo americano” fue menos un especialista extremo y más un carnívoro adaptable, en un sentido más cercano al puma que a la imagen clásica del guepardo de sabana.

Los autores también encontraron indicios de baja diversidad genética a lo largo del tiempo, aunque sin señales claras de un colapso brusco por endogamia. Esa pista sugiere una historia de declive más lenta, que quizá volvió a la especie menos capaz de responder cuando el clima y los ecosistemas cambiaron al final del Pleistoceno.

Como ocurre con buena parte de la paleogenómica, hay límites importantes. La reconstrucción depende de un número reducido de fósiles con ADN preservado y de inferencias indirectas sobre dieta y parentesco. Además, que algunas poblaciones del norte explotaran peces no implica que toda la especie viviera igual. Aún así, el trabajo deja una lección potente: a veces un nombre popular resume tan bien una apariencia que termina ocultando la historia evolutiva real del animal que intenta describir.

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Cita original

Cassatt-Johnstone, M., Wooldridge, T. B., Ghosh, S., Hall, E., Hewitson, S., Meachen, J., Wooller, M. J., Zazula, G., & Shapiro, B. (2026). Range and diet diversity in the Pleistocene American “cheetah,” Miracinonyx trumani. Current Biology. https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.07.072

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