Los bosques de Europa pierden biomasa más rápido desde 2018, según un análisis satelital

Un estudio en Nature Geoscience detectó un salto inusual en la pérdida de biomasa forestal en Europa desde 2018, con un papel creciente de sequías, tormentas, incendios y brotes de escarabajos.

Por Redacción Ciencias.UY 05 de agosto de 2026 a las 18:45 5 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Investigadores trabajan en un bosque con un escáner láser terrestre para medir la estructura de los árboles y estudiar cambios en la biomasa forestal.

Los bosques europeos siguen funcionando como una gran reserva de carbono, pero están perdiendo parte de esa capacidad más rápido que antes. Un estudio publicado en Nature Geoscience encontró que, desde 2018, la biomasa aérea pérdida por hectárea en los bosques de Europa aumentó de forma abrupta y llegó a valores que no se habían visto en las casi cuatro décadas anteriores.

La biomasa aérea es, en términos simples, la madera, ramas y hojas acumuladas sobre el suelo. Medir cuánto se gana o se pierde importa porque ese material almacena buena parte del carbono capturado por los árboles. Cuando un bosque pierde biomasa por incendios, tormentas, sequías, plagas o tala, parte de ese carbono vuelve más fácilmente a la atmósfera o deja de quedar retenido en el ecosistema.

Para reconstruir esa historia a escala continental, el equipo combinó observaciones satelitales sobre cambios en la cobertura forestal con mapas de biomasa almacenada en los bosques europeos. Ese cruce permitió ir más allá de una pregunta habitual, cuántos árboles desaparecen, y concentrarse en otra igual de importante: cuánta materia viva y cuánto carbono se están perdiendo realmente.

La señal más clara aparece a partir de 2018. Según el estudio y la nota institucional asociada, desde entonces Europa perdió en promedio 46% más biomasa por año y por hectárea de bosque que durante el período 1985-2017. El cambio coincidió con un fuerte aumento de perturbaciones naturales en bosques templados con mucha biomasa, en especial en Europa central, donde las sequías debilitan a los árboles y favorecen brotes de escarabajos descortezadores, además de aumentar la vulnerabilidad frente a tormentas e incendios.

Eso no significa que toda la pérdida de biomasa reciente se explique por causas naturales. En el balance completo entre 1985 y 2023, la mayor parte de las pérdidas siguió asociada a actividades de manejo y cosecha forestal. Pero la proporción atribuida a perturbaciones naturales subió: pasó de 17% antes de 2018 a 23% entre 2018 y 2023. El punto central del trabajo no es que la tala haya dejado de importar, sino que incluso aumentos relativamente pequeños del área afectada por sequías, insectos o tormentas pueden traducirse en pérdidas de carbono mucho más grandes cuando golpean bosques densos y ricos en biomasa.

El estudio señala que esa combinación se vuelve especialmente sería en Europa central. En países como Alemania, donde los bosques almacenan mucha madera en pie, una perturbación puede liberar mucho más carbono por hectárea que en regiones con menor biomasa promedio. Por eso dos superficies alteradas de tamaño parecido no necesariamente tienen el mismo efecto climático: importa tanto cuánta área se pierde como qué tipo de bosque fue afectado.

La relevancia pública del hallazgo va más allá de los ecosistemas forestales. La Unión Europea cuenta con sus bosques como parte de su estrategia climática y aspira a aumentar las remociones anuales de carbono en esta década. Si las perturbaciones ligadas al calentamiento global siguen intensificándose, ese plan se vuelve más difícil de sostener. Dicho de otro modo, los bosques no solo sufren las consecuencias del cambio climático: también pueden perder parte de su capacidad para ayudar a frenarlo.

Al mismo tiempo, el trabajo no implica que los bosques europeos estén condenados a un colapso uniforme ni que toda pérdida de biomasa signifique una emisión inmediata de dióxido de carbono. Parte de la madera extraída se usa en productos duraderos y muchos bosques pueden recuperarse con el tiempo. Pero los autores advierten que confiar en la recuperación espontánea no alcanza si el clima sigue empujando sequías y brotes de insectos cada vez más frecuentes. La conclusión de fondo es más concreta que apocalíptica: si Europa quiere seguir contando con sus bosques como sumideros de carbono, va a tener que manejarlos para un mundo más cálido y más inestable.

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Cita original

Kowalski, K., Viana-Soto, A., Brandt, M., Ciais, P., De Keersmaecker, W., Fensholt, R., Pugh, T. A. M., Xu, Y., & Senf, C. (2026). Accelerating biomass loss from forest disturbances across Europe. Nature Geoscience. https://doi.org/10.1038/s41561-026-02032-y

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