Los primeros relojes nucleares ya funcionan, pero todavía están en una etapa muy temprana

Dos equipos lograron hacer funcionar relojes basados en el núcleo del torio-229, un avance esperado desde hace décadas que podría abrir mediciones aún más precisas que las de los relojes atómicos.

Por Redacción Ciencias.UY 11 de junio de 2026 a las 14:00 4 min de lectura
Cristal con átomos de torio usado como parte central de un reloj nuclear experimental
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Desde hace años, los físicos imaginan un reloj todavía más preciso que los relojes atómicos actuales: uno que no dependa de los electrones de un átomo, sino de su núcleo. Ahora, dos equipos lograron hacer funcionar por primera vez dispositivos de ese tipo usando torio-229, un isótopo especialmente valioso porque su núcleo puede ser excitado con luz láser. El resultado no convierte de inmediato a estos aparatos en nuevos patrones del tiempo, pero sí marca el paso experimental que faltaba para demostrar que la idea puede salir del papel.

La diferencia con un reloj atómico convencional parece sutil, pero es profunda. Los relojes más precisos de hoy marcan el tiempo siguiendo transiciones de energía en los electrones. Un reloj nuclear intentaría hacer algo parecido con el núcleo, una estructura mucho más compacta y, en principio, menos sensible a perturbaciones externas. Si eso funciona de manera estable, podría ofrecer mediciones todavía más finas para física fundamental, geodesia y pruebas de si ciertas constantes de la naturaleza cambian con el tiempo.

Según contó Science News, los dos nuevos trabajos consiguieron un ingrediente clave: el lazo de realimentación que permite corregir el reloj a medida que se mide su frecuencia. Sin esa corrección continua, el dispositivo no pasa de ser una demostración interesante. En ambos experimentos, el corazón del sistema fue un cristal de fluoruro de calcio con átomos de torio incorporados, iluminado con láseres para detectar la señal nuclear. Los dos grupos obtuvieron desempeños comparables, aunque con estrategias experimentales distintas.

La importancia del avance no está solo en ganar precisión por orgullo metrológico. Relojes de este tipo podrían servir para buscar efectos extremadamente pequeños que hoy quedan escondidos en el ruido, como posibles señales de materia oscura ultraligera o variaciones minúsculas en constantes físicas. En ese sentido, funcionan como sensores muy delicados además de relojes. Por eso el interés por esta tecnología lleva más de dos décadas, mucho antes de que existieran prototipos capaces de “latir” de verdad.

Pero conviene leer el anuncio con cautela. Los trabajos citados por la nota todavía estaban como preprints en arXiv, es decir, no habían pasado aún por revisión por pares al momento de la cobertura. Además, que el reloj funcione no significa que ya haya superado a los mejores relojes atómicos en todas las condiciones ni que esté listo para aplicaciones fuera de laboratorios altamente especializados. Todavía quedan desafíos de estabilidad, reproducibilidad y comparación independiente entre sistemas.

Eso no le quita valor al hito. En ciencia de precisión, muchas veces el paso decisivo no es alcanzar de golpe el mejor rendimiento, sino mostrar que una arquitectura que parecía casi imposible puede operar en el mundo real. Los relojes nucleares todavía están lejos de convertirse en una herramienta cotidiana, pero ya dejaron de ser solamente una promesa teórica.

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Cita original

De Col, L. T., Riebner, T., Morawetz, I., Schneider, F., Sempelmann, N., Schlachet-Lepinay, J., Schaden, F., Bartokos, M., Kazakov, G. A., Beeks, K., Gerstenecker, B., Pimon, M., Lahs, S., Hellerschmied, A., Lercher, T., Premper, J., Niessner, A., Matus, M., Denker, H., ... Schumm, T. (2026). A thorium-229 optical nuclear clock with feedback loop. arXiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2606.04997

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