Plumas de ave del Cretácico halladas dentro de un excremento fosilizado de dinosaurio

Plumas excepcionalmente preservadas dentro de un coprolito del Cretácico tardío en Montana ofrecen pistas sobre por qué algunas aves no sobrevivieron a la extinción que acabó con los dinosaurios no aviarios.

Por Redacción Ciencias.UY 26 de setiembre de 2026 a las 01:45 4 min de lectura
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Imagen editorial generada por IA sobre Plumas de ave del Cretácico halladas dentro de un excremento fosilizado de dinosaurio.

Un equipo del Field Museum de Chicago describió por primera vez plumas fosilizadas preservadas dentro de un coprolito, un excremento mineralizado de dinosaurio, hallado en 2016 en la formación Hell Creek de Montana y fechado en el Cretácico tardío, muy poco antes de la extinción que acabó con los dinosaurios no aviarios hace unos 66 millones de años. El hallazgo se publicó el 10 de septiembre en Current Biology y convierte a esa masa fecal compacta en una cápsula del tiempo excepcional para la historia del plumaje de las aves que convivieron con los últimos dinosaurios.

El descubrimiento fue en parte una cuestión de suerte. La paleontóloga Jingmai K. O’Connor, del Field Museum, explicó que una fractura natural en la superficie del coprolito dejó a la vista una pluma entera, lo que llevó al equipo a escanear el resto del fósil con micro-tomografía computarizada de alta resolución. Esa técnica permitió reconstruir en tres dimensiones el contenido interno sin romper la pieza. El escaneo reveló varias plumas más, junto con huesos de patas y escamas de pescado, lo que indica que el ave había ingerido peces poco antes de producir ese excremento y que terminó incorporada al contenido intestinal de un depredador más grande, probablemente un terópodo joven como un Tyrannosaurus rex juvenil o un Nanotyrannus.

La comparación con plumas modernas y con otros fósiles del Cretácico permitió identificar al productor de las plumas como un ave acuática del grupo de los hesperornitiformes, un linaje de aves dentadas y buceadoras que prosperó en los mares del final del Mesozoico pero que no dejó descendientes vivos. Algunas de las plumas presentaban barbas densas con una microestructura comparable a la de pelícanos actuales, lo que sugiere una función repelente al agua. Otras, en cambio, eran más primitivas, finas y filamentosas, parecidas a plumón suelto. Además, los ejes centrales de varias plumas estaban recorridos por cámaras de aire, un rasgo moderno que aligera el plumaje y le da rigidez sin perder flexibilidad, algo que no se había documentado con claridad en aves del Mesozoico.

La mezcla de plumas modernas y primitivas en un mismo individuo resulta especialmente interesante para entender por qué solo algunas aves atravesaron el límite K-Pg. Los autores proponen que los hesperornitiformes, con un plumaje menos aislante que el de los antepasados de las aves actuales, habrían estado peor preparados para soportar el invierno prolongado y el enfriamiento global que siguieron al impacto del asteroide de Chicxulub. En cambio, las aves que sobrevivieron contaban con un aislamiento térmico más eficiente que les permitió capear la caída de temperaturas y la disrupción de las cadenas alimentarias. La hipótesis es sugerente, pero los propios autores aclaran que todavía hace falta recuperar más plumas fósiles de distintas especies del Cretácico terminal para ponerla a prueba, y recuerdan que las plumas fósiles siguen siendo extremadamente raras en el registro.

El trabajo también deja una lección metodológica. Durante décadas los coprolitos se estudiaron sobre todo para reconstruir dietas, parásitos y relaciones tróficas; el nuevo registro muestra que estas masas mineralizadas pueden actuar como pequeños santuarios tridimensionales, capaces de preservar estructuras blandas como plumas en condiciones comparables a las del ámbar o los Lagerstätten. Si otros equipos confirman que los coprolitos son una vía subestimada para conservar plumas mesozoicas, en los próximos años podrían aparecer restos de plumaje en colecciones ya escaneadas o en piezas que habían pasado desapercibidas en museos. Por ahora, el coprolito de Montana entrega una imagen inhabitual: la de las últimas plumas de un ave que no logró sobrevivir al invierno que siguió al asteroide, y un indicio de que algo tan pequeño como el aislamiento térmico puede inclinar la balanza entre la extinción y la continuidad de un linaje.

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Cita original

O'Connor, J. K., DeMar, D. G., Jr., Carroll, N. R., Chin, K., Smith, E. A., Holland, M., Clark, A. D., Cooper, C., Kuo, P.-C., Tobin, T. S., Celestian, A. J., Bottjer, D. J., Chiappe, L. M., & Wilson Mantilla, G. P. (2026). Bird feathers from a Late Cretaceous coprolite. Current Biology. https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.08.054

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