El perclorato es un contaminante incómodo para los sistemas de agua potable. Puede aparecer en aguas subterráneas y residuos industriales, y preocupa porque interfiere con la función de la glándula tiroides. El problema no es solo capturarlo: una vez retirado del agua, sigue quedando un residuo concentrado que hay que manejar con cuidado. Un nuevo estudio propone una forma de ir un paso más allá y destruir ese contaminante para convertirlo en cloruro, una sal mucho menos problemática.
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de California en Riverside y publicado en ACS Central Science. El equipo desarrolló un catalizador basado en nanopartículas de rutenio combinadas con un compuesto orgánico rico en nitrógeno. En ensayos de laboratorio, el sistema logró reducir perclorato en agua a pH neutro y a temperatura ambiente, es decir, en condiciones mucho más parecidas a las de los procesos reales de tratamiento de agua que otros métodos anteriores.
Esa parte importa porque muchos catalizadores que destruyen perclorato funcionan solo en medios muy ácidos o muy alcalinos. Eso puede servir en experimentos, pero complica su uso en instalaciones que tratan agua para consumo humano. En cambio, un sistema que opere cerca de condiciones normales podría integrarse mejor con tecnologías que ya existen, especialmente con las resinas de intercambio iónico que hoy se usan para atrapar este contaminante.
La idea práctica es sencilla de resumir: primero se captura el perclorato en esas resinas y luego se lo destruye químicamente en el residuo concentrado, en vez de limitarse a almacenarlo o descartarlo como desecho peligroso. Según los autores, eso podría reducir la cantidad de residuos problemáticos que genera el tratamiento del agua y permitir que parte del material usado para capturar el contaminante se reutilice.
El avance no significa que el problema del perclorato esté resuelto. El estudio se hizo en fase de laboratorio y todavía falta ver cómo se comporta el sistema en condiciones más complejas, con volúmenes mayores, mezclas reales de contaminantes y costos de operación comparables con los métodos actuales. Además, el rutenio no es un material trivial: es un metal relativamente escaso y cualquier aplicación a gran escala tendría que justificar su rendimiento, durabilidad y costo.
Aún con esas cautelas, el trabajo apunta a una mejora concreta en una etapa poco visible del saneamiento. En temas de contaminación del agua, muchas veces la dificultad no está solo en separar un compuesto dañino, sino en qué hacer después con él. Convertirlo en una sustancia mucho menos riesgosa bajo condiciones moderadas sería una ventaja importante, porque transformaría un residuo difícil de manejar en un producto final más inocuo.
La investigación también muestra cómo la catálisis puede cambiar problemas ambientales muy prácticos. En vez de buscar únicamente filtros más eficientes, aquí la apuesta fue diseñar una reacción química capaz de neutralizar el contaminante una vez atrapado. Si esa estrategia logra salir del laboratorio, podría ofrecer a futuro una manera más completa de tratar uno de los compuestos que más dolores de cabeza da en el manejo de agua potable.
Ruthenium nanoparticles convert captured perchlorate into harmless chloride in water treatment waste · Phys.org
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Gao, J., et al. (2026). Catalytic Reduction of Aqueous Perchlorate at Neutral pH. ACS Central Science. https://doi.org/10.1021/acscentsci.6c00532
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