Un nuevo modelo intenta anticipar cómo esquivan choques los conductores humanos

Un estudio en Nature Communications presenta un modelo que reproduce cómo las personas frenan o giran ante peligros repentinos y podría servir para evaluar vehículos automatizados.

Por Redacción Ciencias.UY 27 de junio de 2026 a las 11:45 4 min de lectura
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Cuando un auto de adelante frena de golpe, un vehículo invade el carril contrario o alguien dobla sin ceder el paso, los conductores tienen apenas una fracción de segundo para decidir si conviene frenar, girar o combinar ambas cosas. Un estudio publicado en Nature Communications propone ahora un modelo capaz de reproducir bastante bien esas reacciones humanas en distintos tipos de emergencias, con un objetivo práctico claro: ofrecer una referencia más realista para evaluar sistemas de conducción automatizada.

Los modelos de seguridad vial suelen describir solo una parte del problema. Algunos estiman cuánto tarda una persona en reaccionar. Otros intentan calcular si una maniobra será suficiente para evitar el impacto. Pero, según los autores, faltaba una herramienta que reuniera las tres piezas al mismo tiempo: cuándo responde un conductor, qué maniobra elige y cómo la ejecuta mientras la situación sigue cambiando.

Para cubrir ese vacío, el equipo desarrolló un modelo computacional basado en una idea tomada de la neurociencia y la ciencia cognitiva: los seres vivos actúan tratando de reducir la sorpresa y el error entre lo que esperan que ocurra y lo que realmente perciben. Traducido al volante, eso significa que el conductor evalúa de manera continua futuros posibles, estima cuál de ellos ofrece menos riesgo y ajusta su maniobra a medida que aparecen nuevas señales.

El trabajo puso a prueba ese enfoque en tres escenarios muy distintos: un frenado brusco del vehículo de adelante, la invasión repentina del carril por un auto que viene de frente y una intersección donde otro vehículo gira sin respetar la prioridad. El modelo fue comparado con resultados de estudios previos y con datos detallados de simuladores de manejo. Según los autores, logró reproducir patrones humanos en tiempos de reacción, intensidad del frenado, elección entre frenar o esquivar y probabilidad de choque.

Eso no significa que haya creado un “conductor artificial” completo, pero sí que ofrece una representación más rica de lo que pasa en una situación crítica. Una de sus ventajas es que no trata cada emergencia como un caso aislado. En vez de construir una fórmula distinta para cada peligro, intenta usar una misma lógica general para varias clases de conflicto vial. Si ese enfoque se consolida, podría servir para comparar mejor cómo responden los sistemas automatizados frente a referencias humanas en situaciones poco frecuentes pero decisivas.

La relevancia pública del trabajo está en ese punto. Los choques graves suelen depender de segundos, o incluso de décimas de segundo, y muchas veces los sistemas automáticos se evalúan con pruebas simplificadas. Un modelo que represente de forma más realista la conducta humana podría ayudar a diseñar simulaciones más exigentes, detectar fallas antes de llevar un sistema a la calle y discutir con más precisión qué significa que un vehículo automatizado sea prudente, competente o excesivamente conservador.

El estudio también deja ver algo menos intuitivo: las colisiones no dependen solo de reflejos lentos. En varios escenarios, la incertidumbre sobre lo que hará el otro conductor resultó clave. Si un vehículo parece cruzarse, pero todavía podría volver a su carril, reaccionar demasiado temprano puede ser tan poco humano como reaccionar demasiado tarde. El modelo intenta capturar justamente ese equilibrio entre actuar rápido y no sobreinterpretar una amenaza que todavía está evolucionando.

Como toda propuesta de este tipo, también tiene límites. Los autores ajustaron su modelo con datos de estudios previos y simuladores, no con el caos completo del tránsito real. Además, se concentra en maniobras de evasión muy concretas, no en toda la complejidad de conducir durante horas entre peatones, motos, clima cambiante y distracciones. Aún así, el trabajo ofrece una pista útil para un problema central de la movilidad automatizada: si queremos que una máquina enfrente una emergencia vial de forma segura, primero necesitamos una idea más precisa de cómo lo hace una persona.

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Cita original

Schumann, J. F., Engström, J., Johnson, L., O’Kelly, M., Messias, J., Kober, J., & Zgonnikov, A. (2026). Active inference as a model of collision avoidance behavior in human drivers. Nature Communications, 17, 5009. https://doi.org/10.1038/s41467-026-73345-0

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