Los restos de una supernova suelen imaginarse como una huella que se va apagando de a poco: gas muy caliente que se expande y pierde brillo con el tiempo. Por eso llamó la atención que un equipo que revisó observaciones del observatorio espacial Chandra en la galaxia Messier 83, o M83, encontrara algo bastante menos prolijo. En vez de un debilitamiento gradual, muchas de esas fuentes cambiaban de intensidad en rayos X de forma marcada.
M83 está a unos 15 millones de años luz de la Tierra y es una galaxia con formación estelar activa, un entorno fértil para explosiones de estrellas masivas. El equipo analizó observaciones tomadas entre 2000 y 2014 y se concentró en 22 fuentes de rayos X que ya se habían asociado con restos de supernova. La sorpresa fue que aproximadamente la mitad mostró variaciones fuertes de brillo a lo largo de esos 14 años, algo difícil de conciliar con la expectativa habitual para restos con más de un siglo de antigüedad.
El resultado importa porque obliga a matizar una idea bastante asentada. Si esos objetos fueran solo nubes de material expulsado por la explosión, lo esperable sería una evolución más suave. La excepción más fácil de entender es SN 1957D, una supernova observada hace casi 70 años cuyo remanente todavía interactúa con material cercano y por eso puede producir destellos en rayos X. Pero esa explicación no alcanza para todo el conjunto.
La hipótesis que gana fuerza es que varios de esos objetos no sean únicamente restos de supernova, sino sistemas más complejos. En ese escenario, una estrella masiva explotó y dejó atrás un agujero negro o una estrella de neutrones, mientras su compañera sobrevivió. Si ese objeto compacto empieza a arrancarle materia a la estrella vecina, el gas cae, se calienta a temperaturas extremas y emite rayos X que pueden subir y bajar con rapidez. Son sistemas conocidos como binarias de rayos X de alta masa.
Hay otra posibilidad sobre la mesa: que parte del material expulsado por la explosión vuelva a caer hacia el objeto compacto recién formado. En ambos casos, la clave es la misma: la emisión no vendría solo del remanente en expansión, sino también de un proceso de acreción, es decir, de materia cayendo sobre un agujero negro o una estrella de neutrones. Eso ayudaría a explicar por qué el brillo cambia tanto.
Los investigadores también encontraron que estas fuentes variables aparecen con más frecuencia en regiones ricas en estrellas masivas, lo que encaja mejor con la idea de binarias jóvenes nacidas en ambientes de intensa formación estelar. Además, un trabajo de seguimiento en otra galaxia cercana, M51, detectó una población parecida, lo que sugiere que M83 podría no ser un caso aislado.
Para quienes no siguen de cerca la astrofísica de altas energías, el hallazgo ofrece una ventana interesante sobre lo que pasa después de una explosión estelar. Una supernova no siempre deja un “cadáver” simple y silencioso: a veces puede dejar un sistema todavía dinámico, donde el objeto compacto sigue interactuando con su entorno y produce señales cambiantes durante décadas.
Aún así, el estudio no resuelve del todo qué es cada fuente. La distancia de M83 limita el nivel de detalle que puede obtenerse, y el propio equipo reconoce que los datos actuales no permiten decidir de manera única entre las distintas explicaciones para todos los casos. Harán falta nuevas observaciones y comparaciones con otras galaxias para saber cuán común es este tipo de comportamiento y qué mecanismos dominan realmente detrás de esos parpadeos cósmicos.
NASA Science · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Prestwich, A. H., Primini, F., Kilgard, R. E., Rea, N., & McCollough, M. L. (2026). Variable X-Ray Sources Associated with Extragalactic Supernova Remnants. The Astrophysical Journal, 1004(2), 154. https://doi.org/10.3847/1538-4357/ae5d49
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