Los cuásares más antiguos que se conocían hasta ahora eran apenas una muestra muy pequeña de un fenómeno difícil de observar. Ahora, el telescopio espacial Euclid de la Agencia Espacial Europea identificó 31 nuevos cuásares del universo temprano, incluidos dos que baten el récord de distancia y permiten mirar una etapa en la que el cosmos tenía solo unos 670 millones de años.
Un cuásar es el núcleo extremadamente brillante de una galaxia activa. Su luz no viene de estrellas corrientes, sino del material que cae hacia un agujero negro supermasivo y se calienta hasta emitir enormes cantidades de energía. Encontrarlos en épocas tan tempranas importa porque ayuda a responder una pregunta que sigue abierta: cómo pudieron formarse y crecer tan rápido agujeros negros gigantes cuando el universo todavía era muy joven.
Según la ESA, los dos objetos más lejanos del nuevo conjunto tienen corrimientos al rojo de 7,77 y 7,69. Ese número sirve a los astrónomos para estimar cuán lejos y cuán atrás en el tiempo están viendo. En este caso, la señal proviene de un momento en el que el universo tenía cerca del 5% de su edad actual. Hasta ahora, el récord estaba en 7,64, de modo que Euclid no solo encontró más candidatos, sino que empujó un poco más la frontera observacional.
El hallazgo también cambia la escala del problema. Durante más de una década apenas se habían encontrado alrededor de diez cuásares con corrimiento al rojo igual o superior a 7. Euclid sumó 12 nuevos en ese rango en un solo trabajo. Eso no significa que estos objetos sean comunes, sino que el telescopio combina área de cielo, sensibilidad e infrarrojo suficiente como para detectar fuentes muy débiles que antes se escapaban o se confundían con estrellas cercanas.
La novedad no se agota en el récord. Con una muestra más amplia, los astrónomos pueden empezar a estudiar a estos cuásares como una población y no solo como casos excepcionales. Eso vuelve más útil la comparación entre teorías sobre la formación de las primeras galaxias, el crecimiento de los agujeros negros supermasivos y la época de reionización, cuando el universo dejó atrás sus primeras edades oscuras y la radiación empezó a transformar el gas que lo llenaba.
La fuente de la ESA también destaca que uno de estos cuásares, el segundo más antiguo del grupo, ya fue analizado con más detalle por otro equipo y aparece dentro de una galaxia con mucho gas, polvo y una intensa formación estelar. Ese dato no cierra el rompecabezas, pero sí ofrece una pista de cómo podían ser los entornos donde crecían algunos de los primeros agujeros negros gigantes.
Conviene leer el resultado con sus límites. Se trata de una primera gran cosecha obtenida en datos iniciales del relevamiento de Euclid, y todavía harán falta más observaciones para confirmar propiedades físicas de cada objeto y entender mejor cuán representativos son del universo temprano. Aún así, la muestra ya es lo bastante grande como para convertir una serie de rarezas en una base de comparación mucho más sólida sobre uno de los períodos menos conocidos de la historia cósmica.
esa.int · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Yang, D., Hennawi, J. F., Guarneri, F., Wolf, J., Belladitta, S., Schindler, J.-T., Hughes, A. C. N., Bañados, E., Mortlock, D. J., Yang, J., Wang, F., Fan, X., Jahnke, K., Stern, D., Willott, C. J., Barth, A. J., Rottgering, H. J. A., Varadaraj, R. G., Decarli, R., ... Viel, M. (2026). Euclid: Discovery of 31 new quasars at 6.6 < z < 7.8. Astronomy & Astrophysics, 711, A104. https://doi.org/10.1051/0004-6361/202658883
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