Los cilios primarios podrían ayudar a los embriones de tortuga a detectar la temperatura que define su sexo

Un estudio comparó dos especies de tortugas y propone que los cilios primarios, pequeñas estructuras celulares en forma de antena, podrían participar en cómo los embriones perciben la temperatura del nido.

Por Redacción Ciencias.UY 07 de agosto de 2026 a las 18:45 4 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Imagen microscópica de tejido embrionario de tortuga usada para ilustrar la investigación sobre estructuras celulares asociadas a la detección de temperatura.

En muchas tortugas, el sexo de las crías no queda fijado por cromosomas sexuales como en los mamíferos, sino por la temperatura que alcanza el nido durante una etapa crítica del desarrollo. Ese fenómeno se conoce desde hace décadas, pero todavía quedaba una pregunta difícil de responder: cómo “sabe” el embrión si está en un ambiente que empuja su desarrollo hacia macho o hacia hembra. Un estudio publicado en PLOS ONE propone ahora una pista concreta: los cilios primarios, pequeñas prolongaciones celulares que funcionan como antenas, podrían participar en esa detección.

La investigación no observó un “termómetro” único dentro del embrión, sino que reconstruyó redes de regulación genética para comparar dos especies de tortugas cercanas con estrategias sexuales distintas. Una fue Chrysemys picta, en la que la temperatura del huevo influye en el sexo. La otra fue Apalone spinifera, que sí tiene determinación sexual genética. Al contrastar ambos sistemas con datos tomados a lo largo del desarrollo urogenital, el equipo buscó qué partes de la maquinaria molecular permanecen conservadas y cuáles cambiaron en la transición evolutiva entre un sistema y otro.

El resultado más llamativo fue que varias rutas ya asociadas a la determinación sexual sensible a la temperatura aparecieron conectadas con funciones de los cilios primarios. Entre ellas figuran señales relacionadas con calcio, equilibrio redox, pSTAT3, Wnt y otros componentes que ya venían sonando en este campo. La interpretación de los autores es que esas estructuras celulares podrían actuar como un punto de integración de señales ambientales y biológicas, es decir, como una especie de plataforma donde el embrión traduce cambios térmicos en decisiones del desarrollo.

Los cilios primarios son diminutos, pero no marginales. Están presentes en muchos tipos celulares y ayudan a detectar señales químicas y mecánicas del entorno. En humanos y otros vertebrados se estudian porque participan en el desarrollo de órganos y porque su mal funcionamiento puede asociarse con diversas enfermedades. Que también puedan tener un papel en la determinación sexual de ciertas tortugas vuelve la historia interesante por dos motivos: amplía la lista de funciones conocidas de estas estructuras y ofrece una hipótesis más concreta para un proceso biológico que hasta ahora seguía bastante fragmentado.

El trabajo también importa por su costado evolutivo. Las tortugas reúnen, dentro de un mismo grupo, especies en las que el sexo depende sobre todo del ambiente y otras en las que depende de cromosomas sexuales. Esa variedad las convierte en un laboratorio natural para estudiar cómo cambian las redes genéticas a lo largo del tiempo sin que desaparezcan por completo los mismos “actores” moleculares. Según los autores, la comparación sugiere que parte de la diferencia no está tanto en inventar genes nuevos, sino en reorganizar quién regula a quién y en qué momento del desarrollo.

Para el público general, la historia se conecta además con una preocupación más amplia. A medida que suben las temperaturas, muchas especies con determinación sexual dependiente del ambiente pueden producir proporciones muy sesgadas de machos y hembras. Entender mejor qué mecanismos celulares median esa respuesta no resuelve por sí solo el problema ecológico, pero sí ayuda a precisar dónde y cómo actúa la temperatura dentro del embrión. Ese conocimiento podría afinar futuras investigaciones sobre vulnerabilidad, adaptación y límites biológicos frente al calentamiento.

De todos modos, el estudio tiene límites claros. La propuesta sobre los cilios primarios surge de modelado comparativo de redes reguladoras y del análisis de datos ya existentes, no de un experimento que altere directamente esos cilios para demostrar que cambian el resultado sexual. En otras palabras, el trabajo ofrece una hipótesis fuerte y bien argumentada, pero todavía no una prueba funcional definitiva. También se apoya en dos especies concretas, de modo que falta ver hasta qué punto este mecanismo se repite en otras tortugas o incluso en otros vertebrados con determinación sexual sensible a la temperatura.

Aún con esas cautelas, el estudio deja una idea potente: la diferencia entre nacer macho o hembra en algunas tortugas podría depender, al menos en parte, de una estructura celular diminuta que ayuda a leer el ambiente. Cuando se piensa en los efectos de la temperatura sobre la vida, solemos imaginarlos a escala de ecosistemas o de clima. Este trabajo recuerda que también pueden jugarse en un compartimento microscópico, dentro de células embrionarias que todavía están decidiendo cómo desarrollarse.

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Cita original

Gessler, T. B., Adams, D. C., & Valenzuela, N. (2026). Gene-transcription factor regulatory networks implicate primary cilia in the evolution of vertebrate sex determination and expand models of epigenetic regulation. PLOS ONE, 21(7), e0353280. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0353280

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