Las bacterias de la piel ayudan a algunas ranas a resistir un hongo letal

Un experimento con ranas neotropicales indica que parte de su microbioma cutáneo puede limitar la infección por el hongo quítrido, una amenaza global para los anfibios.

Por Redacción Ciencias.UY 24 de setiembre de 2026 a las 11:00 4 min de lectura
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Dos ranas neotropicales fotografiadas de perfil sobre un fondo blanco.

Las ranas no enfrentan las enfermedades solo con sus propias defensas. En su piel vive una comunidad de bacterias que puede actuar como una barrera adicional frente a patógenos. Un experimento con dos especies neotropicales aporta evidencia de que, en una de ellas, esa comunidad ayuda a contener al hongo quítrido, responsable de una enfermedad que ha contribuido al declive de anfibios en distintas partes del mundo.

El hongo Batrachochytrium dendrobatidis, conocido como hongo quítrido, infecta la piel de los anfibios. Como estos animales dependen de ese órgano para intercambiar agua y sales con el ambiente, una infección intensa puede alterar funciones vitales. La enfermedad asociada, la quitridiomicosis, ha sido vinculada con desapariciones y reducciones severas de poblaciones, aunque sus efectos no son iguales en todas las especies.

El equipo estudió en Brasil a Haddadus binotatus e Ischnocnema henselii, dos ranas de la Mata Atlántica con respuestas distintas ante el patógeno. En un diseño experimental, expusieron animales de ambas especies al hongo y, por separado, redujeron sus bacterias cutáneas mediante antibióticos. Así pudieron comparar cuatro situaciones: con o sin exposición al hongo y con el microbioma de la piel conservado o suprimido.

En H. binotatus, las ranas expuestas al hongo conservaron una supervivencia comparable a la de los controles cuando mantenían su comunidad bacteriana. Al reducir esa comunidad, aumentaron la intensidad de la infección y la mortalidad. El patrón fue diferente en I. henselii: la exposición al hongo disminuyó su supervivencia tanto con el microbioma reducido como sin reducirlo. La comparación indica que especies cercanas pueden depender de defensas distintas frente a una misma enfermedad.

Para ir más allá de un simple inventario de microbios, los investigadores cultivaron 786 aislados bacterianos obtenidos de la piel de las ranas y probaron en el laboratorio si podían frenar el crecimiento del hongo. En H. binotatus, una mayor proporción de bacterias con esa capacidad se asoció con una menor carga de infección. El resultado apunta a que no solo importa cuántas clases de bacterias viven en la piel, sino qué funciones cumplen.

Esto no significa que baste con añadir bacterias a ranas silvestres para protegerlas. El estudio se realizó en condiciones controladas y con dos especies; además, los antibióticos pueden afectar al animal de otras maneras, no solo al microbioma. Los autores señalan que todavía hace falta separar con más precisión el aporte de las bacterias del de las defensas propias de cada rana y averiguar cómo adquieren y mantienen esos microorganismos en la naturaleza. Aún así, el trabajo refuerza una idea relevante para la conservación: cuidar los hábitats también puede significar cuidar las comunidades microscópicas que ayudan a los animales a resistir enfermedades.

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Cita original

Schuck, L. K., Ernetti, J. R., Buttimer, S., de Assis, A. B., Martins, R. A., Pontes, M. R., Zanatta, A. C., Tosta, M. B., Toledo, L. F., & Becker, C. G. (2026). Differential skin-bacteriome-mediated defense against chytridiomycosis in two neotropical frog species. Animal Microbiome, 8, 89. https://doi.org/10.1186/s42523-026-00593-2

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