Cuando una estrella de masa parecida a la del Sol se acerca al final de su vida, no desaparece de golpe: va expulsando sus capas externas y deja a su alrededor un archivo de gas en expansión. Un equipo que observó la nebulosa preplanetaria IRAS 06530-0213 con el radiotelescopio ALMA encontró en ese archivo un anillo amplio, una región central con dos lóbulos y arcos filamentosos. Juntas, esas estructuras permiten reconstruir una parte de la historia reciente de la estrella antes de que forme una nebulosa planetaria.
Pese a su nombre, una nebulosa planetaria no tiene relación con planetas. Es la envoltura brillante de gas que puede quedar cuando una estrella similar al Sol agota etapas de su combustible y su núcleo caliente ilumina el material que había expulsado. Antes de llegar a ese estado hay una transición breve y difícil de observar, precisamente el momento en que se encuentra IRAS 06530-0213. Mirar ese intervalo ayuda a responder por qué los remanentes estelares suelen adoptar formas con lóbulos, anillos y chorros, en lugar de expandirse como esferas uniformes.
ALMA no fotografió la estrella como lo haría un telescopio óptico. Midió la emisión de moléculas de monóxido de carbono en longitudes de onda milimétricas; esa señal permite localizar gas frío y medir cómo se mueve. El mapa distingue un anillo exterior casi circular y una nebulosa bipolar en el centro, además de arcos de gas que rodean la estructura interna. Al combinar la forma de esas piezas con sus velocidades de expansión, los investigadores infirieron una secuencia de cambios en la pérdida de masa.
Según esa reconstrucción, la estrella progenitora atravesó un pulso térmico final, un episodio de cambios internos que puede alterar temporalmente la expulsión de materia. Después, la tasa de pérdida de masa habría caído y más tarde vuelto a aumentar antes de la fase posterior a gigante roja. El anillo exterior sería una de las huellas de ese episodio; los arcos conservarían información de expulsiones más recientes. Las edades de expansión calculadas para las regiones centrales sugieren que la transición a la fase posterior a gigante roja ocurrió hace menos de 700 años, un instante muy corto en términos astronómicos.
Los arcos no forman por sí solos una prueba de que la estrella tenga compañera. Su geometría es compatible con una espiral tridimensional, un patrón que puede surgir cuando una segunda estrella perturba el gas expulsado por la primera. Sin embargo, el equipo no detectó la señal compacta que suele asociarse a discos polvorientos en algunos sistemas binarios. Por ahora, la posible compañera sigue siendo una explicación plausible, no una detección.
El resultado no describe el destino de todas las estrellas ni resuelve por completo el origen de las formas de las nebulosas planetarias: se basa en un único objeto y parte de la interpretación depende de modelos de expansión. Pero muestra con un detalle inusual que el gas expulsado no es solo un residuo. Puede guardar una cronología de los últimos cambios de una estrella y ofrecer pistas para entender cómo se esculpen algunos de los paisajes más complejos que deja la evolución estelar.
The Last Gasps of a Dying Star: ALMA Observations of the Pre-Planetary Nebula IRAS 06530-0213 · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Sahai, R., Vlemmings, W., Quintana-Lacaci, G., Kim, H., Alcolea, J., Balick, B., Blackman, E. G., Castro-Carrizo, A., de Marco, O., Kastner, J. H., Lagadec, E., Lee, C.-F., Santander-García, M., Sánchez Contreras, C., Ueta, T., Zijlstra, A. A., Bujarrabal, V., Sabin, L., & Tafoya, D. (2026). The Last Gasps of a Dying Star: ALMA Observations of the Pre-Planetary Nebula IRAS 06530-0213. arXiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2609.22489
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