Las abejas adultas dependen del olfato para casi todo lo importante en su vida cotidiana: encontrar flores, reconocer señales químicas de la colonia y responder a sustancias que indican peligro o alimento. Pero un nuevo estudio sugiere que esa habilidad no está presente durante toda la vida. Las larvas de abeja melífera, encerradas en sus celdas y alimentadas por obreras nodrizas, muestran una capacidad muy limitada para detectar olores. En cambio, parecen orientarse sobre todo por el gusto.
El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), comparó la actividad de genes sensoriales y el comportamiento de larvas y adultas. Los investigadores se concentraron en dos piezas clave. Una fue ORCO, un correceptor esencial para que funcionen muchos receptores olfativos. La otra fue IR25a, vinculada a otras formas de percepción química, entre ellas el gusto. La pregunta era si las larvas conservaban la misma maquinaria sensorial que las abejas adultas o si, por el contrario, esa etapa de la vida seguía otra lógica.
Los resultados apuntaron con claridad a la segunda opción. En las larvas, la expresión de ORCO era mucho menor en las antenas y en el cerebro que en las adultas. Además, cuando los investigadores sacaron a las larvas de sus celdas y les ofrecieron pequeñas gotas de alimento cerca, no vieron que pudieran localizarlo por olor ni desplazarse hacia él. Tampoco reaccionaron de la manera esperable ante ácido acético, un repelente conocido, ni mostraron preferencia por una feromona asociada con la reina. En paralelo, varios genes de la familia IR aparecieron relativamente más activos, lo que encaja con la idea de que en esta etapa el gusto pesa más que el olfato.
La explicación propuesta no se centra solo en cómo funciona una larva, sino en cómo funciona una colonia. Las larvas de abeja melífera reciben alimento unas cien veces al día y no necesitan salir a buscarlo ni discriminar entre múltiples olores del ambiente. Desde esa perspectiva, mantener un sistema olfativo sofisticado en esa etapa podría ser un gasto innecesario. Los autores interpretan este patrón como una forma de pérdida temporal de función favorecida por la evolución social: la colonia compensa con cuidado intensivo una capacidad que las larvas no usan demasiado mientras crecen.
La idea también importa porque matiza una imagen común de la evolución. A veces se piensa que un rasgo útil se conserva o se pierde para siempre, pero aquí la pérdida sería transitoria y regulada según la etapa de vida. La abeja adulta sigue necesitando oler con gran precisión, así que el cambio no depende de borrar genes del genoma, sino de bajar o subir su actividad en el momento adecuado. Eso abre una ventana interesante para estudiar cómo la vida social reorganiza no solo el comportamiento, sino también el desarrollo sensorial.
Conviene, de todos modos, no sacar más conclusiones de las que el trabajo permite. El estudio se hizo en abejas melíferas y examinó respuestas concretas a ciertos estímulos químicos, por lo que no equivale a decir que las larvas sean completamente “ciegas” a cualquier señal del entorno. Aún así, el hallazgo ofrece una explicación convincente de por qué una de las especies con mayor sofisticación química en la adultez puede pasar su primera etapa dependiendo mucho menos del olfato que del cuidado de las demás.
Honey bees' sense of smell changes from larval to adult life stages, study finds · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Peng, T., Chen, Z., Cash Ahmed, A. C., Feng, Q., Yeo, S., Han, H.-S., & Robinson, G. E. (2026). Social evolution and diminished olfactory function in larval honey bees. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(29), e2615678123. https://doi.org/10.1073/pnas.2615678123
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