Durante más de un siglo, la migración de muchas aves se reconstruyó a partir de puntos sueltos: un anillo colocado en un lugar, otra observación mucho más lejos y un trayecto intermedio casi invisible. Un estudio nuevo llenó parte de ese vacío para dos águilas que usan la ruta entre Asia oriental y África oriental, una franja enorme y todavía poco descrita para muchas rapaces migratorias.
El trabajo siguió con transmisores GPS-GSM a un águila calzada y a un águila esteparia marcadas en la estación ornitológica del río Aras, en el noreste de Turquía. Los dispositivos registraron cada etapa del viaje y permitieron distinguir cuándo las aves estaban en vuelo y cuándo permanecían quietas en zonas de descanso, invernada o reproducción. En vez de una ruta aproximada, los investigadores obtuvieron un mapa detallado de miles de kilómetros.
Los recorridos fueron llamativos. El águila calzada viajó unos 5.080 kilómetros en 49 días durante la migración de otoño, cruzó Oriente Medio y pasó el invierno en Uganda. Después volvió hacia sus áreas de cría en Rusia en un trayecto todavía más largo, de casi 6.786 kilómetros en 35 días. El águila esteparia recorrió cerca de 4.410 kilómetros en 38 días y, en lugar de seguir un rodeo que se considera típico para la especie, atravesó la zona del canal de Suez. El transmisor dejó de enviar datos cuando el ave estaba en Sudán, así que los investigadores no pudieron saber si el equipo se desprendió o si el animal murió.
El estudio también mostró que estas rapaces no dependen solo de ambientes remotos o aparentemente intactos. A lo largo del viaje hicieron paradas en basurales, áreas agrícolas y ciudades. Eso no prueba por sí solo que esos lugares sean beneficiosos, pero sí indica que los paisajes transformados por actividades humanas forman parte real de la migración y podrían influir en cómo las aves consiguen alimento, descansan o enfrentan riesgos en el camino.
Ese dato importa porque esta ruta migratoria atraviesa más de 60 países y concentra amenazas muy distintas: pérdida de hábitat, persecución, cetrería, pesticidas, incendios y choques con líneas eléctricas, entre otras. Tener trayectos concretos ayuda a identificar cuellos de botella y zonas sensibles donde medidas de conservación relativamente específicas podrían proteger mejor a estas aves durante los momentos más exigentes del viaje.
Al mismo tiempo, el estudio es pequeño y abre más preguntas de las que cierra. Se basa en el seguimiento de solo dos individuos y no ofrece una imagen completa de toda la población ni de todas las estaciones del año para ambas especies. Aún así, muestra con claridad algo importante: incluso una muestra limitada puede revelar rutas inesperadas y ayudar a convertir una migración que antes era casi inferida en un fenómeno observable paso a paso.
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Murthy, N., Kittelberger, K. D., Ağırkaya, K., & Şekercioğlu, Ç. H. (2026). Where eagles dare: tracking data reveals migratory pathways of booted and steppe eagles in the East Asia-East Africa Flyway. Zoology in the Middle East. https://doi.org/10.1080/09397140.2026.2700089
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