Durante años, gran parte de la investigación sobre la enfermedad de Huntington se concentró en un problema bien conocido: la expansión anormal de una secuencia repetida en el gen HTT. Un nuevo estudio propone que esa no sería toda la historia. En ratones, investigadores hallaron que el deterioro neurológico también depende de otro proceso: la acumulación de roturas de doble hebra en el ADN, una de las formas más graves de daño genético.
La enfermedad de Huntington es hereditaria y neurodegenerativa. Suele aparecer en la adultez y provoca una combinación progresiva de problemas motores, cognitivos y psiquiátricos. La mutación causal se conoce desde hace décadas, pero eso no ha bastado para convertir el mecanismo en tratamientos efectivos. El nuevo trabajo apunta a una pieza intermedia que podría ayudar a explicar cómo una alteración genética termina convirtiéndose en muerte neuronal.
El equipo trabajó con un modelo murino de la enfermedad y observó que esas roturas de ADN se acumulaban sobre todo en neuronas del estriado, una región cerebral especialmente afectada en Huntington. Según los autores, el fenómeno ocurre aunque se bloquee la llamada expansión somática, es decir, el aumento adicional de repeticiones que puede producirse con el tiempo en células del cuerpo. Eso sugiere que ambos procesos avanzan en paralelo, pero no son exactamente la misma cosa.
La propuesta mecanística es que la proteína huntingtina mutada interfiere con la reparación de esas roturas. En vez de un daño localizado en un punto concreto del genoma, el estudio describe un aumento extendido de lesiones en el ADN, asociado con disfunción celular y neurodegeneración. Si esa interpretación es correcta, la expansión de repeticiones seguiría importando para el inicio y la evolución de la enfermedad, pero parte del daño que finalmente mata neuronas dependería de una vía separable.
Para poner esa idea a prueba, los investigadores usaron un antioxidante experimental llamado XJB-5-131, diseñado para actuar cerca de las mitocondrias, donde se generan moléculas reactivas capaces de dañar biomoléculas. En los ratones tratados reportaron menos roturas de doble hebra, menos inflamación cerebral y una mejora de los déficits motores. El resultado no equivale a curar la enfermedad, pero sí refuerza la idea de que limitar este tipo de daño podría modificar una parte importante del proceso patológico.
El hallazgo importa porque cambia el foco de la pregunta terapéutica. En lugar de intentar únicamente corregir o silenciar la mutación original, abre la posibilidad de intervenir también sobre una consecuencia celular que parece más próxima al momento en que las neuronas empiezan a fallar. Eso podría ampliar el repertorio de estrategias para una enfermedad en la que muchos enfoques genéticos todavía no lograron traducirse en beneficios claros para pacientes.
Las cautelas son importantes. Se trata de un estudio en ratones, no de una prueba clínica en personas, y el compuesto usado es experimental. Además, aunque el trabajo sugiere que reducir las roturas de ADN atenúa el daño, todavía falta demostrar hasta qué punto el mismo mecanismo explica la enfermedad en neuronas humanas y si una intervención de este tipo sería suficiente o tendría que combinarse con terapias dirigidas a la mutación de base.
Aún así, el resultado aporta una pista concreta en un campo donde muchas hipótesis compiten y pocas se convierten en opciones terapéuticas. Si futuras investigaciones confirman que este daño al ADN también es un motor importante del Huntington humano, el mapa de posibles tratamientos podría empezar a ensancharse por una ruta distinta de la que dominó la investigación durante décadas.
Huntington's Disease Discovery Opens Door to a New Class of Treatments · Berkeley Lab
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Polyzos, A. A., Cheong, A., Yoo, J. H., Blagec, L., Nagel, Z. D., & McMurray, C. T. (2026). Double strand breaks drive toxicity in a Huntington's disease mouse model with or without somatic expansion. Nature Communications, 17, 6381. https://doi.org/10.1038/s41467-026-72382-z
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