Las olas de calor marinas suelen medirse como episodios bien delimitados en los que la temperatura del agua supera cierto umbral durante varios días. Pero un estudio publicado en Communications Earth & Environment sugiere que ese recorte puede dejar afuera una parte importante del problema: largos períodos de agua anormalmente cálida antes y después del evento principal. Si se suman esas fases, la exposición total al calor que reciben los ecosistemas puede ser mucho mayor de lo que indican las métricas habituales.
El trabajo analizó más de 2.580 olas de calor marinas registradas en 54 estaciones de 20 estuarios de Estados Unidos a lo largo de dos décadas. En lugar de mirar solo el núcleo del episodio extremo, los investigadores siguieron también las anomalías térmicas que lo precedían o lo continuaban. Encontraron que esos tramos “extra” muchas veces duran más que la propia ola de calor marina y no se pueden deducir de forma confiable a partir de las mediciones estándar del evento principal.
Según los autores, cuando se incorpora todo ese calor acumulado, la intensidad térmica total medida en grados por día aumenta en promedio alrededor de 153% frente a la que se obtendría mirando solo la ola de calor definida con el criterio clásico. Dicho de otro modo: un ecosistema puede estar atravesando una carga térmica mucho mayor que la que sugieren los mapas o balances basados únicamente en el episodio más evidente.
La diferencia importa porque los organismos no “sienten” el clima como casillas separadas en una planilla. Corales, peces, mariscos, pastos marinos y muchos otros seres vivos responden al calor que acumulan con el tiempo. Incluso si las fases previas o posteriores son menos intensas que el pico central, pueden debilitar a los organismos, alterar su metabolismo o reducir su margen de recuperación antes de que llegue el tramo más extremo.
Eso ayuda a explicar por qué a veces los impactos ecológicos parecen mayores de lo esperado. Si una mortandad, una caída en el crecimiento o un cambio en la distribución de especies se evalúa solo contra la duración oficial de una ola de calor marina, puede perderse parte del contexto térmico real que atravesó ese sistema.
El estudio se enfoca en estuarios, ambientes costeros especialmente sensibles porque combinan calor, cambios en salinidad, mareas y presiones humanas. Los autores proponen, sin embargo, un marco de análisis que podría aplicarse también a otros sistemas marinos y oceánicos para describir mejor el calor persistente alrededor de estos eventos.
Eso no significa que todas las regiones del océano se comporten igual ni que el nuevo enfoque resuelva por sí solo la predicción de daños ecológicos. Los resultados salen de un conjunto concreto de estaciones y de una definición estadística de anomalías cálidas que luego debe vincularse con respuestas biológicas específicas. Además, un mismo aumento térmico no produce necesariamente el mismo efecto en todas las especies o hábitats.
Aún con esas cautelas, el trabajo aporta una idea simple y potente: una ola de calor marina puede no empezar cuando el evento entra en la definición oficial ni terminar cuando sale de ella. Para quienes estudian o gestionan ecosistemas costeros, mirar ese calor persistente podría ser clave para entender mejor cuánto estrés térmico están acumulando realmente los océanos.
Persistent warm water anomalies before and after marine heatwaves amplify heat exposure and associated risks · Nature
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Nardi, R. U., Mazzini, P. L. F., Walter, R. K., & Shen, J. (2026). Persistent warm water anomalies before and after marine heatwaves amplify heat exposure and associated risks. Communications Earth & Environment. https://doi.org/10.1038/s43247-026-03739-x
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