Una nanocinta de grafeno logró cambiar su torsión bajo demanda

Investigadores crearon la primera nanocinta de grafeno cuya torsión puede invertirse con un solvente quiral, un paso que podría abrir nuevas opciones para sensores y dispositivos ópticos.

Por Redacción Ciencias.UY 03 de setiembre de 2026 a las 14:45 4 min de lectura
Imagen: Phys.org Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Esquema de una nanocinta de grafeno helicoidal formada por anillos de carbono fusionados.

El grafeno suele asociarse con láminas ultrafinas y muy conductoras, pero ahora un equipo japonés mostró que también puede adoptar una forma retorcida y, más importante todavía, cambiar de torsión cuando se lo expone al entorno adecuado. El resultado es la primera nanocinta de grafeno capaz de invertir su helicidad bajo demanda, una propiedad que podría ser útil para fabricar sensores químicos, interruptores ópticos y componentes que aprovechen no solo la carga de los electrones, sino también su espín.

La estructura desarrollada es una cinta molecular muy pequeña hecha de anillos de carbono fusionados. Sus unidades básicas, llamadas helicenos, forman una especie de escalera rígida que obliga a toda la cadena a torcerse. Lo novedoso del trabajo es que los investigadores construyeron esa cinta con bloques de cuatro anillos, una variante que durante años se consideró demasiado inestable para materiales quirales controlables. En vez de evitar esa inestabilidad, el equipo la usó a su favor: al unir muchas unidades en una sola cadena, cada tramo empezó a influir sobre el siguiente y aparecieron largos segmentos que comparten la misma torsión.

Para orientar esa torsión hacia un lado u otro, los autores disolvieron la nanocinta en un líquido quiral, es decir, un solvente cuyas moléculas también existen en dos versiones especulares. Tras probar varias opciones, encontraron que el beta-pineno, un compuesto natural presente en pinos y cáscaras de cítricos, podía empujar la estructura hacia una hélice de una mano o de la otra. Ese cambio no quedó limitado a la geometría: también modificó la forma en que el material emite luz polarizada circularmente, una señal de que la cinta no solo se retuerce, sino que traduce ese giro en una respuesta óptica medible.

Ese comportamiento interesa porque los materiales quirales son candidatos para tecnologías que detectan moléculas, procesan señales luminosas o separan corrientes electrónicas según el espín. En este caso, el material responde a un estímulo químico relativamente simple y reversible, lo que lo vuelve atractivo como plataforma de prueba para futuros dispositivos. Además, ofrece una pista sobre cómo diseñar nanomateriales de carbono menos estáticos, capaces de adaptarse a cambios del entorno en lugar de mantener siempre la misma forma.

El trabajo, sin embargo, está lejos de una aplicación inmediata. La torsión controlada solo se mantiene mientras la nanocinta permanece en el solvente quiral; cuando ese entorno desaparece, la estructura vuelve a un estado mixto e inestable. Eso significa que el próximo desafío no es solo lograr que gire, sino que conserve una “memoria” de esa forma. Por ahora se trata de una demostración de química de materiales a escala molecular, pero una que abre una vía concreta para convertir una propiedad antes vista como un problema en una función útil.

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Cita original

Ikai, T., Inagaki, H., Oki, K., Yoshida, M., Pirillo, J., Hijikata, Y., & Yashima, E. (2026). Dynamic helical poly[4]helicene nanoribbon. Nature Communications. https://doi.org/10.1038/s41467-026-76724-9

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