Buena parte de la vida que habita el Atlántico Norte profundo depende de un suministro de oxígeno que llega desde mucho más arriba. Un nuevo estudio sugiere que una de las piezas más importantes de ese proceso está en el mar de Labrador, una región fría entre Groenlandia y Canadá donde, durante el invierno, las aguas superficiales pueden mezclarse con capas mucho más profundas.
Ese mecanismo, conocido como convección profunda, funciona como una especie de ascensor oceánico. Cuando la superficie del mar pierde calor hacia la atmósfera, el agua se enfría, se vuelve más densa y tiende a hundirse. En el mar de Labrador, ese proceso puede mezclar enormes volúmenes de agua y empujar oxígeno desde la superficie hacia capas intermedias y profundas del océano. Aunque esta región aporta relativamente poco a la fuerza total de la circulación de retorno del Atlántico, el nuevo trabajo indica que su papel en la ventilación del océano profundo es desproporcionadamente grande.
Para medirlo, el equipo trabajó con una red de fondeos oceanográficos y sensores de oxígeno instalados entre 2020 y 2022 a lo largo de una línea de observación que cruza el mar de Labrador. Con esos datos, combinados con mediciones de velocidad de las corrientes, los autores calcularon cuánto oxígeno entra, se redistribuye y sale de la región. Según el estudio, el mar de Labrador incorpora localmente unas 4,1 teramoles de oxígeno por año desde la atmósfera y, además, la mezcla profunda reubica otras 23,5 teramoles anuales que habían sido acumuladas antes en aguas superficiales del Atlántico Norte subpolar. En conjunto, eso equivale a una exportación de unas 27,6 teramoles por año en la capa de agua formada allí.
La cifra es grande, pero lo importante no es solo su tamaño. Los investigadores estiman que ese aporte alcanza para compensar buena parte de la respiración biológica en amplias zonas del Atlántico profundo. En otras palabras, el oxígeno que entra en juego en el mar de Labrador no se queda allí: viaja con masas de agua densas hacia otras regiones y ayuda a sostener ecosistemas marinos que viven lejos de la superficie.
El hallazgo también matiza una idea extendida sobre la circulación atlántica. En los últimos años, mucha atención se ha concentrado en la intensidad de la AMOC, la gran circulación que transporta calor y agua entre los trópicos y el Atlántico Norte. El nuevo trabajo muestra que no basta con preguntar cuánta agua se mueve: también importa dónde y cómo esa agua gana oxígeno antes de hundirse. El mar de Labrador podría ser decisivo para la oxigenación profunda incluso si su contribución a la fuerza total de esa circulación es comparativamente pequeña.
Eso vuelve más relevante seguir de cerca lo que ocurra en esta zona en un contexto de calentamiento global. Si cambian la estratificación del océano, el aporte de agua dulce desde el Ártico o el ritmo de mezcla invernal, también podría cambiar la cantidad de oxígeno que llega a las profundidades. El estudio no pronostica por sí solo un colapso ni una pérdida inmediata de oxígeno, pero sí advierte que el riesgo futuro de desoxigenación en el Atlántico Norte no depende únicamente de la gran circulación oceánica, sino también de procesos regionales como la convección profunda en el mar de Labrador.
Como todo estudio de este tipo, tiene límites. Los cálculos se basan en una ventana de observación de 24 meses y en una región específica, por lo que no equivalen a una reconstrucción completa de todas las décadas pasadas ni garantizan que el mismo balance se mantenga sin cambios en el futuro. Aún así, aportan algo que faltaba: mediciones directas y sostenidas de un proceso que hasta ahora era muy difícil de cuantificar.
Más que resolver una curiosidad oceanográfica, el trabajo ayuda a entender cómo se mantiene respirable una parte del océano profundo. En tiempos en que la pérdida de oxígeno marino preocupa cada vez más, ubicar con precisión los lugares y mecanismos que renuevan ese suministro se vuelve clave para anticipar qué ecosistemas son más vulnerables y cómo podría cambiar su equilibrio.
Labrador Sea a key player in providing oxygen for deep North Atlantic life · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Miller, U. K., Palter, J., Park, E., Atamanchuk, D., Fogaren, K., Fu, Y., Karstensen, J., Koelling, J., Le Bras, I., Nagao, H., Nicholson, D., Palevsky, H., & Yoder, M. (2026). Central role of Labrador Sea convection for transport of oxygen into the deep North Atlantic Ocean. Nature Geoscience. https://doi.org/10.1038/s41561-026-02057-3
Relacionadas por categoría
Ver masUna sola prueba no alcanza para anticipar cómo resistirá una almeja un océano más ácido
En una almeja marina, las familias más tolerantes a la acidificación como larvas no fueron las más tolerantes después de la metamorfosis.
La sal no hizo que todos los carrizos reciclaran nutrientes de la misma forma
Un experimento con 110 genotipos de carrizo muestra que el origen de las poblaciones pesa más que una exposición breve a salinidad al recuperar nutrientes de las hojas.
El hábitat explica mejor la biodiversidad local que el clima en Finlandia
Un estudio de 503 especies muestra que el hábitat pesa más a escala local, mientras el clima explica mejor las diferencias entre regiones y años.
Más de la misma fuente
Ver masUn modelo explora choques de estrellas en el universo temprano
Un modelo que combina simulaciones cosmológicas y dinámica estelar propone que las colisiones entre estrellas pudieron ser habituales en cúmulos muy densos del cosmos temprano.
Un archivo de ARN permite reconstruir qué hizo una célula días antes
Una herramienta creada en células humanas cultivadas conserva mensajes de ARN y permite recuperar respuestas genéticas breves que una medición tardía ya no detectaría.
Un cuásar polvoriento muestra lo que las búsquedas del universo temprano pueden pasar por alto
JWST y ALMA observaron un cuásar cuando el universo tenía menos de mil millones de años y revelaron cómo el polvo puede ocultar parte de su actividad.
Más del mismo autor
Ver masEl rol social cambia el crecimiento y la conducta de los peces payaso
En un experimento con peces payaso juveniles, los individuos que se volvieron dominantes crecieron más, comieron más y mostraron más agresividad que sus rivales y que peces mantenidos solos.
Los cometas difícilmente aportaron ingredientes clave para el origen de la vida
Simulaciones de impactos sugieren que las condiciones necesarias para que los cometas llevaran compuestos orgánicos útiles a la Tierra temprana fueron excepcionales.
Una ruta química devuelve siliconas difíciles de reciclar a una materia prima
Un estudio propone desarmar siliconas resistentes y recuperar diclorosilano, una molécula que puede volver a emplearse para fabricar estos materiales.