La promesa del internet cuántico suele sonar lejana porque depende de señales extremadamente frágiles. Un pequeño ruido basta para arruinar la información que transportan. Por eso, una de las dudas más importantes del campo no era solo si esas señales podían viajar lejos, sino si podían hacerlo en el mundo real, compartiendo espacio con el tráfico intenso que ya circula por las redes de fibra óptica. Un experimento realizado entre Evanston y el centro de Chicago acaba de mostrar que, al menos en una primera prueba metropolitana, esa convivencia es posible.
El resultado se basa en una propiedad conocida como entrelazamiento cuántico. En este fenómeno, dos partículas quedan conectadas de tal manera que medir una afecta la descripción de la otra, incluso si están separadas. Esa relación es una pieza central de futuras redes cuánticas, porque permite distribuir información de formas que no se parecen al transporte convencional de datos y abre la puerta a técnicas como la teleportación cuántica y ciertos esquemas de comunicación segura.
En el nuevo estudio, investigadores de Northwestern University generaron pares de fotones entrelazados en su laboratorio. Uno de esos fotones se quedó en Evanston y el otro recorrió 24,4 kilómetros de fibra óptica instalada hasta un centro de comunicaciones en el campus de Chicago. Lo notable es que el cable no estaba “reservado” para el experimento: al mismo tiempo transportaba canales de datos comerciales de alta capacidad y potencia óptica representativa de una línea de telecomunicaciones muy cargada.
El desafío era enorme porque las señales clásicas y las cuánticas juegan en ligas muy distintas. Las comunicaciones convencionales usan enormes cantidades de luz; la información cuántica, en cambio, puede depender de fotones individuales. El propio autor principal del trabajo comparó esa diferencia con una hormiga avanzando por un camino lleno de elefantes. Si el ruido óptico invade el canal equivocado, la señal cuántica desaparece.
Para evitarlo, el equipo aprovechó una separación por longitudes de onda. Los fotones cuánticos viajaron en la llamada banda O, una región del espectro menos perturbada para este propósito, mientras que el tráfico comercial quedó en la banda C, que es la habitual en telecomunicaciones. Además, los investigadores sumaron filtros para reducir interferencias y usaron un sistema de sincronización óptica capaz de alinear ambos extremos del enlace con precisión de picosegundos, es decir, billonésimas de segundo. Esa sincronización permitió identificar qué fotones formaban realmente un par entrelazado pese al ruido de fondo.
El dato más importante fue la fidelidad del entrelazamiento, que se mantuvo por encima del 94%. En términos simples, eso indica que la correlación cuántica sobrevivió al trayecto a un nivel que no puede explicarse como una imitación hecha por un sistema clásico. El resultado no significa que ya exista un internet cuántico operativo para usuarios, pero sí sugiere que una parte clave de esa infraestructura podría construirse sin tender una red totalmente nueva desde cero.
Esa posibilidad importa porque el gran obstáculo de muchas tecnologías cuánticas no es solo demostrar que funcionan, sino integrarlas en sistemas reales. Si cada enlace necesitara cables exclusivos y condiciones idealizadas, el salto fuera del laboratorio sería mucho más lento y caro. Que una señal cuántica pueda compartir una fibra urbana con dos canales de 800 gigabits por segundo y con potencia equivalente a un enlace comercial muy cargado cambia la conversación: el problema deja de ser puramente teórico y empieza a parecer una cuestión de ingeniería.
Eso no quiere decir que la meta esté cerca. En esta prueba los investigadores distribuyeron entrelazamiento, que es solo uno de los pasos necesarios. La siguiente barrera es demostrar teleportación cuántica entre nodos remotos bajo condiciones igualmente realistas, algo bastante más complejo. También queda por ver cómo se comportará el sistema en distancias mayores, redes más variables y entornos operativos menos controlados.
De todos modos, el experimento aporta una señal concreta de madurez. Durante años, el internet cuántico fue presentado como una idea prometedora pero confinada a montajes de laboratorio. Mostrar que los fotones entrelazados pueden atravesar una fibra ya desplegada en una ciudad mientras el mismo enlace sigue haciendo su trabajo cotidiano no resuelve todos los problemas, pero sí responde una pregunta decisiva: la infraestructura existente podría no ser un obstáculo, sino el punto de partida.
Quantum internet leaves the lab with first real-world entanglement over busy telecom fiber · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Talcott, G. M., Hess, A. I., d'Avossa, L., Kohlert, S. J., Yeh, F. I., Chen, J. H., Mambretti, J. J., Rambo, T. M., Kanter, G. S., Thomas, J. M., & Kumar, P. (2026). Quantum entanglement distribution coexisting with high-rate, broadband classical optical communications over a real-world fiber connecting remote, synchronized nodes. Optica Quantum, 4(4), 342-352. https://doi.org/10.1364/OPTICAQ.592786
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